Comencé por oír un pitido muy suave hasta que sonó como un grito en mi cabeza.
Alguien gritaba mi nombre…
Me daba miedo abrir los ojos por si era Alberto.
Una voz de mujer no paraba de gritar mi nombre.
Abrí los ojos con mucho esfuerzo.
¿Un ángel?
No…
Era ella.
Clara.
Recuperé el sentido.
Intenté levantarme.
A mi alrededor había muchísima gente.
Me sentía muy aturdida.
Oí como un hombre hablaba con Clara y le decía que no era grave, que me había desmayado.
Que me llevara a casa.
Intentaba atender pero no podía…
Yo no entendía nada.
Solo sabía que estaba muy débil y que aquel dolor en el pecho me había dejado rota.
Clara me agarró y me llevó al interior de su coche.
Yo me dejaba guiar.
Ella al verme entrar en el coche me miró con cara de horror.
La noté descompuesta de los nervios.
Clara estaba asustada.
Poco a poco fui recuperándome.
-Mi niña… ¿Qué te pasa? Tienes una pinta horrible. Es una suerte que estuviera por allí. ¿Qué a pasado?
Solo fui capaz de articular una palabra que se repetía constantemente en mi cabeza.
-Alberto…
Creía que no tenía aún más fuerzas pero volví de nuevo a llorar.
Clara me miró preocupada.
No sabía de que iba la cosa pero se lo suponía.
-Vamos a mi casa y me lo cuentas más tranquilamente cuando estés mejor,¿Vale?- dijo tranquilizándome.
Yo solo asentí con la cabeza.
Me daba vergüenza volver a llorar delante de Clara pero el intentar reprimir las ganas fue peor.
Me volvió a venir otra puñalada en la garganta y otra vez comencé a llorar con más intensidad.
El camino fue silencioso.
Ella me ayudó a salir del coche.
Me miraba con cara de pena y un poco angustiada.
Ella quería hacer algo pero no podía.
Cuando subimos a casa me senté en el sofá.
Solo podía pensar en las palabras que me había susurrado.
Cada vez que lo recordaba era peor, me sentaba peor.
Me encantaría poder cerrar los ojos y olvidar…
Me hubiera encantado decirle a Alberto que viniera a Nueva York conmigo.
Sería volverme a engañar.
Creer que las cosas volverían a estar bien sería de idiotas.
Mi futuro era eso y sabía que eso no entraba para nada en los planes de él.
Maldita la hora en que me desperté y me acordé de él.
Maldita la hora en que decidí salir a correr.
Ójala hubiera sabido lo que iba a pasar.
Clara se fue directamente a su habitación.
Oí como hablaba con alguien y ella volvió conmigo al salón.
Entre las manos me traía una tila.
-Le he dicho a Mario que te prepare un baño. Te doy ahora un pijama nuevo. Pero antes cuéntame, qué ha pasado… ¿Qué te ha hecho? Parece que hubieras visto un fantasma. Estas totalmente pálida… Incluso me ha costado reconocerte. Aunque cuando te he visto estabas tirada en el suelo y a dos pasos de un coche que estaba a punto de atropellarte…
Vi como a Clara le dio un escalofrío solo de pensarlo.
Estaba muy preocupada por mí.
Me había visto llorar durante todo el camino.
Me daba igual que mi voz se volviera a romper en un llanto.
No fue así.
Había llorado tanto que no me quedaban lágrimas.
-Esta mañana pensé que lo mejor para despejarme sería salir a correr. Le vi y no estaba preparada. Al hablar con él me ha dicho que volvieramos…
Ella entonces se acomodó en el sofá y pareció estar mas tranquila al oir mi voz mas serena.
-Entiendo… Aún le quieres.
El dolor en mi pecho hizo amago, sin embargo mi cuerpo recobró fuerza.
Aún no se de donde.
Me sentía como si aquel coche en realidad me hubiera atropellado.
-Pues claro que le quiero. Pero ya no le quiero como antes. Él era mi futuro. Él ya no es lo que yo busco. Él ha formado parte de mi vida unos 7 años. Pero las cosas ya han cambiado. Ya hemos crecido y las cosas son diferentes. Él tiene todo aquí y yo no puedo dejar pasar la oportunidad de conocer algo nuevo por alguien que no me entiende. Me harté de la rutina que teníamos y dudo que volviendo con él las cosas cambien. Me siento egoísta y egocéntrica por solo pensar en mí. Se que si volvemos las cosas no van a ir bien, por mucho que él me dijera que se iba a olvidar todo.
Ella pareció entender perfectamente lo que me pasaba.
Entonces ella me abrazó a la vez que me acariciaba el pelo y sentí aun mas fuerza.
Era justo lo que necesitaba.
Un abrazo de alguien que no me veía culpable por dejar a una persona que me adora.
Eso es lo que pasó.
Desde que dejé a Alberto todo el mundo me trata como la mala del cuento que ha dejado por egoísmo al hombre de su vida.
-Que complicado nos lo pusieron a la hora del amor. Se cómo te sientes. No hace falta que hablemos mas del tema si no quieres. Solo quiero hacerte una pregunta: ¿Estás segura de que quieres irte?
-Creo ahora mismo que es de lo único que estoy segura.
-Pues entonces así va a ser. E incluso si quieres mas tiempo, retrasamos el viaje si hace falta.
-¡no!-grité.
Entonces ella me sonrió y se levantó.
Salió del salón a la habitación.
-Creo que ya tienes el baño preparado. ¿Quieres quedarte aquí a comer?
-Vale… Aunque no quiero molestarte.
-¿Y quién te ha dicho a ti que molestes? Toma el pijama y tómate todo el tiempo que quieras. No hay prisa. Estaré en mi despacho. Ve allí cuando acabes.
-Muchas gracias por cuidar de mí.
-No es ningún trabajo. -dijo regalándome su sonrisa.
Entonces ella salió del salón hacia el despacho.
La seguí y me dijo cual era el cuarto de baño al que debía de ir.
Gracias por leerlo :D
¡Empiecen desde la 1ª Entrada si queréis leer la historia de Carmen! No empiecen la casa por el tejado.
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viernes, 4 de junio de 2010
jueves, 3 de junio de 2010
33. ¿Sería aquel mi final?
Podía decir que sí, que yo tampoco me había olvidado de él.
Que yo también le echaba de menos y que el también era muy importante para mí.
Aún no había quitado nada suyo de mi habitación.
Que todo era más difícil y confuso desde que él no estaba a mi lado.
La vida a su lado sería mucho más fácil.
Que nos podíamos querer para siempre…
Mire hacia los lados.
La derecha y la izquierda. Veía dos caminos libres.
Él estaba justo enfrente de mí.
No me atreví ni a mirarle.
Entonces vi en los dos lados el camino libre.
Respiré hondo y sin pensármelo dos veces salí corriendo como una vala.
Huir.
Me dejé guiar por ese impulso.
Como una cobarde salí a correr.
Alberto no podría detenerme en mis ganas de encontrar algo nuevo.
Corría con todas mis fuerzas y con todas mis ganas.
Corría y lloraba a la vez.
Seguía con aquel dolor en el pecho, pero yo no podía parar de correr.
Sin despedirme de él.
Sin decirle nada.
No había una respuesta en mi cabeza y no decir nada,
Él dejó que me marchara, porque si hubiera querido me hubiera alcanzado con facilidad. No quería pensar en nada.
Yo solo corría como aquel que le va siguiendo el peor asesino de las peores pesadillas.
La gente por la calle me miraba asustada…
No estaban más asustados que yo.
Yo huía de mi misma.
Yo huía de mis sentimientos.
Estaba muy confundida por todo.
Cuando llegué al barrio de Moctezuma me derrumbé.
Me acerqué a un banco y me senté.
Tenía un gran ataque de tos.
Las lágrimas caían solas.
Creo que nunca me había sentido peor.
Debería volver a mi casa y descansar…
Pero no podía casi con mi cuerpo.
Iba andando mirando a la nada.
Las lágrimas y el dolor no me permitían ver.
No miraba los coches, no miraba a la gente, no miraba el suelo...
Solo me dejaba llevar.
Llegué a un cruce.
Vi un coche.
Oí un gran frenazo.
Todo fue muy rápido.
¿Sería ese mi final?
Dejé de ver nada.
Me desplomé en el suelo.
No sentía nada.
Qué agradable sensación…
Me encantaría contaros más del tirón,
pero ahora no tengo mucho tiempo.
Mañana más.
Mil gracias a todos :D
por leer y perdonarme las faltas de ortografía xD
Que yo también le echaba de menos y que el también era muy importante para mí.
Aún no había quitado nada suyo de mi habitación.
Que todo era más difícil y confuso desde que él no estaba a mi lado.
La vida a su lado sería mucho más fácil.
Que nos podíamos querer para siempre…
Mire hacia los lados.
La derecha y la izquierda. Veía dos caminos libres.
Él estaba justo enfrente de mí.
No me atreví ni a mirarle.
Entonces vi en los dos lados el camino libre.
Respiré hondo y sin pensármelo dos veces salí corriendo como una vala.
Huir.
Me dejé guiar por ese impulso.
Como una cobarde salí a correr.
Alberto no podría detenerme en mis ganas de encontrar algo nuevo.
Corría con todas mis fuerzas y con todas mis ganas.
Corría y lloraba a la vez.
Seguía con aquel dolor en el pecho, pero yo no podía parar de correr.
Sin despedirme de él.
Sin decirle nada.
No había una respuesta en mi cabeza y no decir nada,
Él dejó que me marchara, porque si hubiera querido me hubiera alcanzado con facilidad. No quería pensar en nada.
Yo solo corría como aquel que le va siguiendo el peor asesino de las peores pesadillas.
La gente por la calle me miraba asustada…
No estaban más asustados que yo.
Yo huía de mi misma.
Yo huía de mis sentimientos.
Estaba muy confundida por todo.
Cuando llegué al barrio de Moctezuma me derrumbé.
Me acerqué a un banco y me senté.
Tenía un gran ataque de tos.
Las lágrimas caían solas.
Creo que nunca me había sentido peor.
Debería volver a mi casa y descansar…
Pero no podía casi con mi cuerpo.
Iba andando mirando a la nada.
Las lágrimas y el dolor no me permitían ver.
No miraba los coches, no miraba a la gente, no miraba el suelo...
Solo me dejaba llevar.
Llegué a un cruce.
Vi un coche.
Oí un gran frenazo.
Todo fue muy rápido.
¿Sería ese mi final?
Dejé de ver nada.
Me desplomé en el suelo.
No sentía nada.
Qué agradable sensación…
Me encantaría contaros más del tirón,
pero ahora no tengo mucho tiempo.
Mañana más.
Mil gracias a todos :D
por leer y perdonarme las faltas de ortografía xD
miércoles, 2 de junio de 2010
¿Quién se resiste a un Alberto? (Andrés Velencoso)
32. Otra nueva oportunidad.
Alberto debería estar pensando prácticamente lo mismo que yo.
Él estaba aún más impactado que yo al verme de golpe y sin previo aviso.
Paré de correr en seco.
Si no lo hubiera hecho mi corazón hubiera estallado.
Latía muy deprisa.
Le miré y me parecía que estaba más guapo que nunca.
Quizás es porque ahora valoro más lo que no tengo.
Él me miraba como si estuviera viendo un ángel.
Eso no me iba ayudar…
Pero entonces fue él quien rompió el silencio.
-¿Tú saliendo a correr?… ¿Qué ha pasado? ¿Qué te preocupa? -dijo con una voz débil y confundida por mi presencia.
Si.
Él me conoce igual de bien que yo le conozco a él.
Por lo menos en algunas cosas.
-Hola Alberto.-dije intentando tener fuerza en la voz.- No me pasa nada. Solo quería tomar aire fresco.
Al verle no parecía el mismo o yo no le miraba igual.
Volví a mirar sus ojos marrones, los cuales había mirado tantas veces…
Miré su pelo alborotado, que tantas veces había acariciado...
Mire sus labios que tantas veces había besado…
Tenía que parar, se me estaba cayendo el mundo encima.
Comencé a temblar de la impotencia y por todo.
-Me ha dicho mi madre que te vas…-Entonces torció la cara a la vez que apretó la mandíbula.- Creía que te gustaba este sitio para vivir o que no querrías huir de mí.
Nunca creí que me iba a doler tanto el volverle a ver.
Sabía que lo iba a volver a ver pero no así.
No tan pronto.
No poniéndome a prueba en este apuro.
-La vida da muchas vueltas. No estaba planeado.
Entonces él me volvió a mirar fijamente.
- No hace falta que lo jures.
Me volvió a doler.
No se el que pero duele.
Se me agarra lentamente a la garganta y la estrangula para hacer brotar lágrimas.
Algo hace que tiemble…
No tengo fuerzas.
Miré al suelo y se me empezaron a caer las lágrimas.
Me dolía todo.
Entonces Alberto se acercó a mí.
Se puso a la altura de mi oído.
Me acarició el pelo.
-Carmen, nadie te obliga a que te vayas. Yo aún te quiero. Siempre has sido y serás mi vida. Podemos olvidar todo lo que ha pasado. Hacer que todo vuelva a ser como siempre. Te echo de menos.- en un susurro que se me hizo eterno.
Otra puñalada en el pecho.
Levanté la mirada.
En una mano tengo un destino seguro y a su lado.
En la otra tengo algo inseguro y lejos de todos los que quiero.
Le tenía enfrente de mí.
Las lágrimas seguían resbalando por mis mejillas.
Él con sus dedos secó una de ellas.
Qué hacer…
Nadie te enseña qué hacer en estos casos.
Él esperaba mi respuesta.
Él estaba aún más impactado que yo al verme de golpe y sin previo aviso.
Paré de correr en seco.
Si no lo hubiera hecho mi corazón hubiera estallado.
Latía muy deprisa.
Le miré y me parecía que estaba más guapo que nunca.
Quizás es porque ahora valoro más lo que no tengo.
Él me miraba como si estuviera viendo un ángel.
Eso no me iba ayudar…
Pero entonces fue él quien rompió el silencio.
-¿Tú saliendo a correr?… ¿Qué ha pasado? ¿Qué te preocupa? -dijo con una voz débil y confundida por mi presencia.
Si.
Él me conoce igual de bien que yo le conozco a él.
Por lo menos en algunas cosas.
-Hola Alberto.-dije intentando tener fuerza en la voz.- No me pasa nada. Solo quería tomar aire fresco.
Al verle no parecía el mismo o yo no le miraba igual.
Volví a mirar sus ojos marrones, los cuales había mirado tantas veces…
Miré su pelo alborotado, que tantas veces había acariciado...
Mire sus labios que tantas veces había besado…
Tenía que parar, se me estaba cayendo el mundo encima.
Comencé a temblar de la impotencia y por todo.
-Me ha dicho mi madre que te vas…-Entonces torció la cara a la vez que apretó la mandíbula.- Creía que te gustaba este sitio para vivir o que no querrías huir de mí.
Nunca creí que me iba a doler tanto el volverle a ver.
Sabía que lo iba a volver a ver pero no así.
No tan pronto.
No poniéndome a prueba en este apuro.
-La vida da muchas vueltas. No estaba planeado.
Entonces él me volvió a mirar fijamente.
- No hace falta que lo jures.
Me volvió a doler.
No se el que pero duele.
Se me agarra lentamente a la garganta y la estrangula para hacer brotar lágrimas.
Algo hace que tiemble…
No tengo fuerzas.
Miré al suelo y se me empezaron a caer las lágrimas.
Me dolía todo.
Entonces Alberto se acercó a mí.
Se puso a la altura de mi oído.
Me acarició el pelo.
-Carmen, nadie te obliga a que te vayas. Yo aún te quiero. Siempre has sido y serás mi vida. Podemos olvidar todo lo que ha pasado. Hacer que todo vuelva a ser como siempre. Te echo de menos.- en un susurro que se me hizo eterno.
Otra puñalada en el pecho.
Levanté la mirada.
En una mano tengo un destino seguro y a su lado.
En la otra tengo algo inseguro y lejos de todos los que quiero.
Le tenía enfrente de mí.
Las lágrimas seguían resbalando por mis mejillas.
Él con sus dedos secó una de ellas.
Qué hacer…
Nadie te enseña qué hacer en estos casos.
Él esperaba mi respuesta.
martes, 1 de junio de 2010
31. No tengo escapatoria.
Hoy me levanté temprano.
No era capaz de concentrarme en hacer nada.
Se me olvidaba echarle el colacao a la leche.
Se me olvidó calentar la leche.
Olvidé que odio la leche sola…
Empiezo mal la mañana.
Mi cabeza estaba totalmente en otro lado. No podía parar de soñar despierta.
Veía en mi cabeza una ciudad llena de misterios para mí.
Gente nueva para mí.
La ciudad que aparecía en todas las películas…
Yo tendré la suerte de llegar allí sin haberlo buscado, sin saber que ese sería mi nuevo hogar.
No sé ni siquiera si me merezco el que me ocurran estas cosas.
Me hubiera encantado compartir la alegría que tenía en el cuerpo con alguien…
Alberto.
-No.- me dije a mi misma.
Era tarde para acordarse de Alberto.
Pero entonces me acordé de un día en el que habíamos pedido comida en el chino.
Él me preguntó como me veía yo dentro de unos años.
Solo hacía unos meses que habíamos empezado a salir.
Creo que mi sueño en ese momento era tener una casa, pues comprar una casa siempre ha sido un atraco de por vida, y un trabajo fijo.
Entonces ahora que miro al presente, me doy cuenta que voy a trabajar en algo que he deseado siempre y que en realidad lo de la casa me daba igual.
Oh no…
También le dije que le quería a él para siempre a mi lado.
Maldita la hora en que pensé en él.
Ahora tengo la cabeza hecha un lio.
En realidad no se si quería a alguien a mi lado…
Tengo que volver a convencerme que volver con él ya es una tontería, el amor está gastado.
Aunque le quiera, ya es imposible.
No aguanto más aquí…
Necesito hacer algo…
Despejarme antes de que vuelva a ponerme mal…
Salir a correr.
Se me encendió esa bombilla en la cabeza y ni me lo pensé dos minutos.
Sin pereza alguna me puse el chándal.
Allí estaba yo en la fría mañana saliendo a correr.
Calenté un poco y mi rumbo fue hacia el Parque del príncipe.
Para entretenerme por el camino tenía mi queridísima música.
Porque las mañanas hay que empezarlas con buen ritmo.
Lo que más me fastidiaba de Alberto era que nunca le gustó mi estilo de música.
Cuanto mas me decía que no le gustaba más alto ponía la música.
Sé que al final le acabó gustando aunque él se seguía quejando por costumbre.
Llegué al parque.
Era uno de mis sitios favoritos.
Los árboles, los pájaros, el agua…
Estaba a tope.
OH DIOS...NO, NO, NO… ¡MIERDA! Me cago en la puta hora que me ha dado por salir a correr.
Me quedé casi congelado el cerebro.
Alberto parado calentando en un banco.
No me había dado cuenta a tiempo.
No tenía escapatoria.
En cuanto se girara un poco me iba a ver.
¿Qué le iba a decir?
No podía darme la vuelta.
Iba a quedar como una absoluta idiota en unos segundos...
No me podía hacer la idiota.
Iba a pasar YA a su lado.
¡Joder!
Se me va a salir el corazón del pecho.
Creo que incluso me estoy mareando…
Esos segundos se me estaban haciendo eternos…
Me convencí yo misma que tenía que ser valiente.
Si lo he dejado es mi culpa y tenía que asumir todas las consecuencias.
Aminoré el ritmo pues me estaba mareando más y más.
Entonces Alberto se giró y me vio.
No era capaz de concentrarme en hacer nada.
Se me olvidaba echarle el colacao a la leche.
Se me olvidó calentar la leche.
Olvidé que odio la leche sola…
Empiezo mal la mañana.
Mi cabeza estaba totalmente en otro lado. No podía parar de soñar despierta.
Veía en mi cabeza una ciudad llena de misterios para mí.
Gente nueva para mí.
La ciudad que aparecía en todas las películas…
Yo tendré la suerte de llegar allí sin haberlo buscado, sin saber que ese sería mi nuevo hogar.
No sé ni siquiera si me merezco el que me ocurran estas cosas.
Me hubiera encantado compartir la alegría que tenía en el cuerpo con alguien…
Alberto.
-No.- me dije a mi misma.
Era tarde para acordarse de Alberto.
Pero entonces me acordé de un día en el que habíamos pedido comida en el chino.
Él me preguntó como me veía yo dentro de unos años.
Solo hacía unos meses que habíamos empezado a salir.
Creo que mi sueño en ese momento era tener una casa, pues comprar una casa siempre ha sido un atraco de por vida, y un trabajo fijo.
Entonces ahora que miro al presente, me doy cuenta que voy a trabajar en algo que he deseado siempre y que en realidad lo de la casa me daba igual.
Oh no…
También le dije que le quería a él para siempre a mi lado.
Maldita la hora en que pensé en él.
Ahora tengo la cabeza hecha un lio.
En realidad no se si quería a alguien a mi lado…
Tengo que volver a convencerme que volver con él ya es una tontería, el amor está gastado.
Aunque le quiera, ya es imposible.
No aguanto más aquí…
Necesito hacer algo…
Despejarme antes de que vuelva a ponerme mal…
Salir a correr.
Se me encendió esa bombilla en la cabeza y ni me lo pensé dos minutos.
Sin pereza alguna me puse el chándal.
Allí estaba yo en la fría mañana saliendo a correr.
Calenté un poco y mi rumbo fue hacia el Parque del príncipe.
Para entretenerme por el camino tenía mi queridísima música.
Porque las mañanas hay que empezarlas con buen ritmo.
Lo que más me fastidiaba de Alberto era que nunca le gustó mi estilo de música.
Cuanto mas me decía que no le gustaba más alto ponía la música.
Sé que al final le acabó gustando aunque él se seguía quejando por costumbre.
Llegué al parque.
Era uno de mis sitios favoritos.
Los árboles, los pájaros, el agua…
Estaba a tope.
OH DIOS...NO, NO, NO… ¡MIERDA! Me cago en la puta hora que me ha dado por salir a correr.
Me quedé casi congelado el cerebro.
Alberto parado calentando en un banco.
No me había dado cuenta a tiempo.
No tenía escapatoria.
En cuanto se girara un poco me iba a ver.
¿Qué le iba a decir?
No podía darme la vuelta.
Iba a quedar como una absoluta idiota en unos segundos...
No me podía hacer la idiota.
Iba a pasar YA a su lado.
¡Joder!
Se me va a salir el corazón del pecho.
Creo que incluso me estoy mareando…
Esos segundos se me estaban haciendo eternos…
Me convencí yo misma que tenía que ser valiente.
Si lo he dejado es mi culpa y tenía que asumir todas las consecuencias.
Aminoré el ritmo pues me estaba mareando más y más.
Entonces Alberto se giró y me vio.
lunes, 31 de mayo de 2010
Pocoyolizante¡¡
A partir de ahora me va a costar más eso de subir la historia de Carmen, pues me tengo que centrar en sacarme la carrera.
En cuanto tenga un pokitin de tiempo haré por seguiros contando.
Volveré con mucho más y mucho mejor,
puesto que ahora no puedo dedicarle la atención que me gustaría.
Habrá nuevas cosas¡¡
Yo lo dejo caer...
Esta foto va dedicada todas las veces que nos aburrimos en la biblioteca y salen cosas así...

Esta otra a toda las veces que nos reímos con tonterías por casualidad...
Ayer conocí a:
POCOYOLA-BERROCAL
El otro muñeco murió de un tetazo pocoyolizador xD
(Se me va la olla y lo sé... pero soy feliz)
No sé vosotros, pero yo he tenido un finde MUY WAPO¡¡¡
Escuchando a Bunbury, que por lo que he oído va a ser el primero en ofrecer un concierto en 3D en Canal + ¡¡
Si.
Volveré si no he muerto de calor¡¡¡
domingo, 30 de mayo de 2010
30. Despedidas.
-¿Qué es?
-Pues algo que te va hacer muchísima falta para llegar allí.-Abrió la carpeta.-Aquí tienes el billete de avión, una lista con los sitios a los que tienes que ir, los números de mis hijos por si tienes cualquier problema, peluquería, restaurantes, el número del hotel y el nombre del jefe, tienes que decirle que vienes de mi parte, ¿Vale?
Ella no paraba de sacar papeles de la carpeta.
Todo en muy poco tiempo.
Yo aún no lo asimilo.
Veo y aún no creo.
-Sí…
-Aquí en este bolsillo de la tarjeta tienes una tarjeta de crédito con dinero para cualquier problema o para lo que quieras. Es tuyo.
-Pero Clara, que yo tengo dinero ahorrado, no hace falta…
Me miró enfadada.
-¿Cuál era el trato? Que aceptarás mis consejos y este es uno. Te llevarás esta tarjeta por si acaso tienes cualquier problema o por si lo necesitas. ¿Está claro?-dijo molesta por no aceptarlo a la primera.
-Si, clarísimo.-dije yo asustada de que se enfadara y todo se fuera al traste.
-Entonces sigo. Aquí tienes la dirección de la casa y las llaves en el bolsillito de atrás.
Échale un vistazo en casa, pero aquí está todo lo que puedas necesitar.
Entonces vi que cogió otra cosa del cajón.
Era una caja que colocó al lado de la carpeta.
-¿Y eso?
-Es una cámara de fotos. Es para que me envíes las fotos que quieras enseñarme, claro.
Me haría ilusión que me mandaras alguna foto todos los días.
-Eso esta hecho…Como si quieres que te envíe una foto de cada perro que vea, yo lo hago.
Eso la hizo reír a carcajadas.
La vi mas joven y mas viva.
Estaba incluso hiperactiva por enseñarme cosas que tendría allí guardadas.
La veía muy ilusionada.
Verla reír me tranquilizaba y alegraba.
-Mira, cuando estés allí que no se te olvide leer estas revistas. Tendrás que estar al día de lo que está de moda en la ciudad. Por ahora creo que no necesitas nada más. ¿Mañana te veo?
-Cuando tu quieras. Ahora tengo mucho tiempo libre.
-Pues si puedes ven a cenar.-dijo ella.
-Pues claro que si y mas aún con una cocinera tan estupenda como tú.
-Eso es una historia que ya te contaré mañana.-Sonrió en señal de agradecimiento.- ¿Porqué siempre te acabo entreteniendo con mis cosas? Te tengo que aburrir.
-Pues si sabes que me encanta escucharte.
No podía creer que pensara que me aburría.
Otra persona vale que podría ser un come orejas, pero ella no.
Clara no me aburriría nunca.
Había cambiado en unos días mi manera de vivir, sentir, soñar…
Ella había hecho que volviera a confiar en mí y en lo que creo que puede pasar.
Me había ofrecido una vida nueva sin nada a cambio.
Clara se había convertido en mi modelo a seguir y necesitaba saberlo todo de ella.
-Es toda una suerte parecerte tan interesante. Te acompaño a la puerta.-dijo dándome la cámara de fotos.
Entonces la vi como si se acordara de algún detalle, pero pasó de contármelo.
Disimuló cogiendo la carpeta y dándomela.
No me atreví a preguntar.
Podría ser cualquier tontería.
La seguí a la puerta y yo me dirigí a mi casa a comer.
Nada mas abrir la puerta allí estaba mi hermana en la puerta exigiéndome con una cara de enfadada que le contara todo.
Así es que me tocó hablar a mí durante toda la comida.
Siempre omitiendo detalles y contando las cosas básicas que se supone que ellos deberían de saber.
No les dije cosas como lo de la ropa ni lo de la tarjeta de crédito.
Algunos detalles solo serían de mi incumbencia.
Luego tuve que enseñarle el portátil, la carpeta y la cámara de fotos.
Mi hermana solo era capaz de mirarme con los ojos muy abiertos escuchándome y asimilando toda la historia.
Le parecería mentira de no ser por lo que Clara me había ido dando y regalando.
-Estas cosas solo te pasan a ti.-dijo mi hermana viendo detenidamente el portátil.
-Ya ves, la vida da tantas vueltas… Aún no me creo ni la suerte que tengo.-Le confesé.
-Que sepas que me vas a tener que llamar todos los días.
-Eso haré o intentaré. Te aviso que a este paso no voy a ganar el suficiente dinero como para pagar la factura del móvil.-dije en broma.
Ella se hizo la molesta, pero sabía que la llamaría.
Sin que yo lo supiera mis padres lo tenían todo preparado.
Sonó una vez el telefonillo.
Eran mis primas.
A los cinco minutos mis abuelos.
Mas tarde mis tíos.
En el salón más de veinte personas que no me paraban de preguntar por el viaje.
No me hacía gracia el tener que repetir la historia una y otra vez.
A unos les decía más y a otros menos, pero siempre cautelosa de no hablar más de la cuenta.
Mis padres querían que disfrutara el poco tiempo que me quedara aquí con la familia, y así fue.
No parábamos de charlar reír y beber.
Llegó la hora de cenar y allí seguía toda familia.
Unos jugando a las cartas, mi madre enseñando recetas, mi hermana hablando de su boda y yo con mis primas que no paraban de hacerme preguntas y más preguntas.
Llegó la hora de la despedida.
Todos me abrazaron y se despidieron deseándome la mejor de las suertes.
Noté la envidia de mis primas a la hora de irse pero nada grave.
Mis tíos no pararon de repetirme en toda la cena lo maravillosa que era Clara.
Ellos se habían conocido cuando ellos estuvieron a punto de separarse.
Era un tema muy personal, por lo que no quería hacer preguntas y ellos no querían hablar de aquella época oscura de su relación.
Les entendía.
Era como si a mí no me pararan de preguntar por Alberto y por los motivos de la ruptura.
Hay cosas que es mejor dejarlas enterradas para que no hagan daño.
Mis abuelos tenían una llorera imparable diciéndome que no iba a estar en navidades, incluso casi hacen que yo me ponga a llorar.
Me hice la fuerte y aguanté el tipo.
Por otra parte estoy dando botes de alegría por dentro, por lo que no iba a venirme abajo.
En realidad creo que no lloré por que en realidad no soy consciente aun de que no voy a estar aquí en una fecha tan señalada cómo es la navidad.
Ayudé a mi madre a colocar todo y a limpiar.
Hablé un rato con Lucía por el tuenti.
Ella me confirmó que ya todo lo de la fiesta estaba preparado.
La última noche que pasaba en Cáceres sería una noche de fiesta.
Me eché las manos a la cabeza por solo pensar que me quedaban dos días en Cáceres… Mañana y pasado.
El corazón me empezó a latir a mil por hora.
Dejé el ordenador, cené algo y me hice una tila para dormir.
Por suerte estaba tan cansada que caí dormida enseguida.
Mañana sería otro día.
Otro día más cerca de Nueva York y mi nueva vida.
-Pues algo que te va hacer muchísima falta para llegar allí.-Abrió la carpeta.-Aquí tienes el billete de avión, una lista con los sitios a los que tienes que ir, los números de mis hijos por si tienes cualquier problema, peluquería, restaurantes, el número del hotel y el nombre del jefe, tienes que decirle que vienes de mi parte, ¿Vale?
Ella no paraba de sacar papeles de la carpeta.
Todo en muy poco tiempo.
Yo aún no lo asimilo.
Veo y aún no creo.
-Sí…
-Aquí en este bolsillo de la tarjeta tienes una tarjeta de crédito con dinero para cualquier problema o para lo que quieras. Es tuyo.
-Pero Clara, que yo tengo dinero ahorrado, no hace falta…
Me miró enfadada.
-¿Cuál era el trato? Que aceptarás mis consejos y este es uno. Te llevarás esta tarjeta por si acaso tienes cualquier problema o por si lo necesitas. ¿Está claro?-dijo molesta por no aceptarlo a la primera.
-Si, clarísimo.-dije yo asustada de que se enfadara y todo se fuera al traste.
-Entonces sigo. Aquí tienes la dirección de la casa y las llaves en el bolsillito de atrás.
Échale un vistazo en casa, pero aquí está todo lo que puedas necesitar.
Entonces vi que cogió otra cosa del cajón.
Era una caja que colocó al lado de la carpeta.
-¿Y eso?
-Es una cámara de fotos. Es para que me envíes las fotos que quieras enseñarme, claro.
Me haría ilusión que me mandaras alguna foto todos los días.
-Eso esta hecho…Como si quieres que te envíe una foto de cada perro que vea, yo lo hago.
Eso la hizo reír a carcajadas.
La vi mas joven y mas viva.
Estaba incluso hiperactiva por enseñarme cosas que tendría allí guardadas.
La veía muy ilusionada.
Verla reír me tranquilizaba y alegraba.
-Mira, cuando estés allí que no se te olvide leer estas revistas. Tendrás que estar al día de lo que está de moda en la ciudad. Por ahora creo que no necesitas nada más. ¿Mañana te veo?
-Cuando tu quieras. Ahora tengo mucho tiempo libre.
-Pues si puedes ven a cenar.-dijo ella.
-Pues claro que si y mas aún con una cocinera tan estupenda como tú.
-Eso es una historia que ya te contaré mañana.-Sonrió en señal de agradecimiento.- ¿Porqué siempre te acabo entreteniendo con mis cosas? Te tengo que aburrir.
-Pues si sabes que me encanta escucharte.
No podía creer que pensara que me aburría.
Otra persona vale que podría ser un come orejas, pero ella no.
Clara no me aburriría nunca.
Había cambiado en unos días mi manera de vivir, sentir, soñar…
Ella había hecho que volviera a confiar en mí y en lo que creo que puede pasar.
Me había ofrecido una vida nueva sin nada a cambio.
Clara se había convertido en mi modelo a seguir y necesitaba saberlo todo de ella.
-Es toda una suerte parecerte tan interesante. Te acompaño a la puerta.-dijo dándome la cámara de fotos.
Entonces la vi como si se acordara de algún detalle, pero pasó de contármelo.
Disimuló cogiendo la carpeta y dándomela.
No me atreví a preguntar.
Podría ser cualquier tontería.
La seguí a la puerta y yo me dirigí a mi casa a comer.
Nada mas abrir la puerta allí estaba mi hermana en la puerta exigiéndome con una cara de enfadada que le contara todo.
Así es que me tocó hablar a mí durante toda la comida.
Siempre omitiendo detalles y contando las cosas básicas que se supone que ellos deberían de saber.
No les dije cosas como lo de la ropa ni lo de la tarjeta de crédito.
Algunos detalles solo serían de mi incumbencia.
Luego tuve que enseñarle el portátil, la carpeta y la cámara de fotos.
Mi hermana solo era capaz de mirarme con los ojos muy abiertos escuchándome y asimilando toda la historia.
Le parecería mentira de no ser por lo que Clara me había ido dando y regalando.
-Estas cosas solo te pasan a ti.-dijo mi hermana viendo detenidamente el portátil.
-Ya ves, la vida da tantas vueltas… Aún no me creo ni la suerte que tengo.-Le confesé.
-Que sepas que me vas a tener que llamar todos los días.
-Eso haré o intentaré. Te aviso que a este paso no voy a ganar el suficiente dinero como para pagar la factura del móvil.-dije en broma.
Ella se hizo la molesta, pero sabía que la llamaría.
Sin que yo lo supiera mis padres lo tenían todo preparado.
Sonó una vez el telefonillo.
Eran mis primas.
A los cinco minutos mis abuelos.
Mas tarde mis tíos.
En el salón más de veinte personas que no me paraban de preguntar por el viaje.
No me hacía gracia el tener que repetir la historia una y otra vez.
A unos les decía más y a otros menos, pero siempre cautelosa de no hablar más de la cuenta.
Mis padres querían que disfrutara el poco tiempo que me quedara aquí con la familia, y así fue.
No parábamos de charlar reír y beber.
Llegó la hora de cenar y allí seguía toda familia.
Unos jugando a las cartas, mi madre enseñando recetas, mi hermana hablando de su boda y yo con mis primas que no paraban de hacerme preguntas y más preguntas.
Llegó la hora de la despedida.
Todos me abrazaron y se despidieron deseándome la mejor de las suertes.
Noté la envidia de mis primas a la hora de irse pero nada grave.
Mis tíos no pararon de repetirme en toda la cena lo maravillosa que era Clara.
Ellos se habían conocido cuando ellos estuvieron a punto de separarse.
Era un tema muy personal, por lo que no quería hacer preguntas y ellos no querían hablar de aquella época oscura de su relación.
Les entendía.
Era como si a mí no me pararan de preguntar por Alberto y por los motivos de la ruptura.
Hay cosas que es mejor dejarlas enterradas para que no hagan daño.
Mis abuelos tenían una llorera imparable diciéndome que no iba a estar en navidades, incluso casi hacen que yo me ponga a llorar.
Me hice la fuerte y aguanté el tipo.
Por otra parte estoy dando botes de alegría por dentro, por lo que no iba a venirme abajo.
En realidad creo que no lloré por que en realidad no soy consciente aun de que no voy a estar aquí en una fecha tan señalada cómo es la navidad.
Ayudé a mi madre a colocar todo y a limpiar.
Hablé un rato con Lucía por el tuenti.
Ella me confirmó que ya todo lo de la fiesta estaba preparado.
La última noche que pasaba en Cáceres sería una noche de fiesta.
Me eché las manos a la cabeza por solo pensar que me quedaban dos días en Cáceres… Mañana y pasado.
El corazón me empezó a latir a mil por hora.
Dejé el ordenador, cené algo y me hice una tila para dormir.
Por suerte estaba tan cansada que caí dormida enseguida.
Mañana sería otro día.
Otro día más cerca de Nueva York y mi nueva vida.
sábado, 29 de mayo de 2010
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