¿Acaso no es lo peor cuando llega la noche y estás asado de calor en la cama sin poder dormir a pesar del cansancio?
Intento dar con la posturita, pero es que no hay manera...
Si mami...
¡Yo también quiero ir a surfear!
Gracias por leerlo :D
¡Empiecen desde la 1ª Entrada si queréis leer la historia de Carmen! No empiecen la casa por el tejado.
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lunes, 28 de junio de 2010
49. Mi nuevo compañero de piso.
Y tan rápido como noto que me han hecho la llave, la vuelven a deshacer.
Todo fue muy rápido.
-¡Por favor dime que estas bien¡ ¿Qué he hecho? Perdóname, perdóname.
Era la voz de un chico muy nervioso, totalmente descompuesto.
Yo estaba apoyada en la pared haciendo esfuerzos sobre humanos por no vomitar encima de aquel cuadro original.
Me doy la vuelta y no puedo evitarlo, me pongo otra vez a vomitar.
Yo estoy a punto de que me de algo.
Esto si que era una llegada a Nueva York.
El día que se supone que iba a ser el más feliz de mi vida y así empezamos.
Vomitando delante del que supongo que es David, al cual aún no le he visto ni la cara y evitando vomitar encima del cuadro original de Goya.
Si le vomitaba a él encima ya me daba igual.
Quizás no esté mal la cosa… Esto ya no es romper el hielo con alguien, si no romper el iceberg.
Ni un hola entre los dos y él ya me había estampado contra la pared y yo estaba vomitando.
Preciosa escena de bienvenida.
Él me apartó el pelo de la cara para que no me lo manchara.
Debo estar dejándole la misma primera impresión que podía causar la niña del exorcista.
-Muy bien, lo que se dice muy bien no estás… No te preocupes de esto que ahora vienen y lo limpian, vamos enseguida a tu habitación. -dijo aquella voz intentándome tranquilizar.
Levanté la cabeza muy lentamente.
Le miro.
Desde luego es una cara familiar…
Pero que mucho.
Como si le hubiera visto todos los días… Pero si este de Cáceres no es.
¿Cómo coño me va a sonar?
Creo que me estoy quedando tonta.
En mi cabeza se enciende una luz.
Pero si es…
(O_O)
La mato.
Yo a Clara la mato.
Si, definitivamente la mato.
Si lo llego a saber…
¡Estas cosas se dicen antes!
Y es que Carmen no sabe lo que le espera...
Todo fue muy rápido.
-¡Por favor dime que estas bien¡ ¿Qué he hecho? Perdóname, perdóname.
Era la voz de un chico muy nervioso, totalmente descompuesto.
Yo estaba apoyada en la pared haciendo esfuerzos sobre humanos por no vomitar encima de aquel cuadro original.
Me doy la vuelta y no puedo evitarlo, me pongo otra vez a vomitar.
Yo estoy a punto de que me de algo.
Esto si que era una llegada a Nueva York.
El día que se supone que iba a ser el más feliz de mi vida y así empezamos.
Vomitando delante del que supongo que es David, al cual aún no le he visto ni la cara y evitando vomitar encima del cuadro original de Goya.
Si le vomitaba a él encima ya me daba igual.
Quizás no esté mal la cosa… Esto ya no es romper el hielo con alguien, si no romper el iceberg.
Ni un hola entre los dos y él ya me había estampado contra la pared y yo estaba vomitando.
Preciosa escena de bienvenida.
Él me apartó el pelo de la cara para que no me lo manchara.
Debo estar dejándole la misma primera impresión que podía causar la niña del exorcista.
-Muy bien, lo que se dice muy bien no estás… No te preocupes de esto que ahora vienen y lo limpian, vamos enseguida a tu habitación. -dijo aquella voz intentándome tranquilizar.
Levanté la cabeza muy lentamente.
Le miro.
Desde luego es una cara familiar…
Pero que mucho.
Como si le hubiera visto todos los días… Pero si este de Cáceres no es.
¿Cómo coño me va a sonar?
Creo que me estoy quedando tonta.
En mi cabeza se enciende una luz.
Pero si es…
(O_O)
La mato.
Yo a Clara la mato.
Si, definitivamente la mato.
Si lo llego a saber…
¡Estas cosas se dicen antes!
Y es que Carmen no sabe lo que le espera...
domingo, 27 de junio de 2010
48. Hogar, ¿dulce hogar?
Miré de nuevo la puerta.
Otra vez, otra arcada.
Dios santo, que halla un maldito cuarto de baño por aquí cerca o poto aquí mismamente en la puerta.
Cojo la maleta, “corro” hacia la puerta, meto la llave y abro la puerta.
Todo lo que hago son movimientos torpes.
Creo que no tengo palabras para describir lo que mis ojos ven…
Una casa de ensueño.
No sabía ni a donde mirar.
Era muy grande.
¿Teniendo aquella enorme casa quién querría vivir en Cáceres?
Unos ventanales enormes con unas vistas de la ciudad preciosas.
No había nadie allí.
Ni si quiera había señal de que en esa casa hubiera nadie.
Todo estaba en silencio.
Todo precioso, pero…¿y el cuarto de baño?
Alrededor de aquella magnífica entrada había varios pasillos amplios que escoger con un número de puertas.
Entonces dejé la maleta por ahí en la puerta y me puse a mirar por todas las puertas que veía.
Madre mía que grande todo.
¿Por qué no sería esto igual que todas las demás casas que conozco?
Al fondo siempre suelen estar siempre los cuartos de baño.
Pero aquí no.
Abrí una habitación que me llevó a un despacho y después a otra sala con un billar y de repente unas escaleras.
Las habitaciones supongo que estarán arriba.
Abro más habitaciones y me encuentro con una sala de cine.
Otra puerta y un gimnasio.
No me daba tiempo a quedarme mirando alucinando con aquella casa.
Esto es una tortura.
Yo creo que si vuelvo a ver esas habitaciones ni me acuerdo, pues fui corriendo de una a otra.
Por fin encontré una habitación encontré el cuarto de baño y me puse a vomitar.
Cuando acabé me sentí mucho mejor.
Me fui enseguida a enjuagarme la boca.
Me quedé un rato sentada en el suelo y apoyándome en la pared.
Solo quiero descansar…
Si me acordara como llegar hasta mi maleta me dormiría en aquella cama…
Me metí en la boca un caramelo de fresa que tenía en el bolsillo y me dispuse a encontrar mi maleta.
Aún no me sentía bien del todo, pero si mejor que antes.
Iré con cuidado y tendré localizada la habitación por si acaso.
Bajé las escaleras.
Seguía sin oír a nadie en la casa.
La casa era totalmente luminosa y decorada con un gusto exquisito.
Ninguna habitación se parecía entre sí.
Llegué a una de las salas por las que había pasado, la cual tenía una mesa de billar.
Guau…
Eso si era una bonita mesa de billar.
Había una barra de bar.
¿Sería una sala para fiestas?
Había fotos antiguas.
Estaba mirando un cuadro el cual me parecía de Goya.
No dudé que fuera original.
Me acerqué a ver más detenidamente si la firma aparecía en el cuadro.
¿Cuánto podría valer aquel cuadro?
Oí un ruido detrás de mí.
Tengo la intención de darme la vuelta.
Cuando de repente a alguien me agarra en brazo me hace una llave que no me permite moverme y me empuja contra la pared.
Noto otra arcada en el estómago.
Madre mía que poto el cuadro…
Mi corazón va a mil por hora.
No me puedo defender.
No me puedo mover…
Otra vez, otra arcada.
Dios santo, que halla un maldito cuarto de baño por aquí cerca o poto aquí mismamente en la puerta.
Cojo la maleta, “corro” hacia la puerta, meto la llave y abro la puerta.
Todo lo que hago son movimientos torpes.
Creo que no tengo palabras para describir lo que mis ojos ven…
Una casa de ensueño.
No sabía ni a donde mirar.
Era muy grande.
¿Teniendo aquella enorme casa quién querría vivir en Cáceres?
Unos ventanales enormes con unas vistas de la ciudad preciosas.
No había nadie allí.
Ni si quiera había señal de que en esa casa hubiera nadie.
Todo estaba en silencio.
Todo precioso, pero…¿y el cuarto de baño?
Alrededor de aquella magnífica entrada había varios pasillos amplios que escoger con un número de puertas.
Entonces dejé la maleta por ahí en la puerta y me puse a mirar por todas las puertas que veía.
Madre mía que grande todo.
¿Por qué no sería esto igual que todas las demás casas que conozco?
Al fondo siempre suelen estar siempre los cuartos de baño.
Pero aquí no.
Abrí una habitación que me llevó a un despacho y después a otra sala con un billar y de repente unas escaleras.
Las habitaciones supongo que estarán arriba.
Abro más habitaciones y me encuentro con una sala de cine.
Otra puerta y un gimnasio.
No me daba tiempo a quedarme mirando alucinando con aquella casa.
Esto es una tortura.
Yo creo que si vuelvo a ver esas habitaciones ni me acuerdo, pues fui corriendo de una a otra.
Por fin encontré una habitación encontré el cuarto de baño y me puse a vomitar.
Cuando acabé me sentí mucho mejor.
Me fui enseguida a enjuagarme la boca.
Me quedé un rato sentada en el suelo y apoyándome en la pared.
Solo quiero descansar…
Si me acordara como llegar hasta mi maleta me dormiría en aquella cama…
Me metí en la boca un caramelo de fresa que tenía en el bolsillo y me dispuse a encontrar mi maleta.
Aún no me sentía bien del todo, pero si mejor que antes.
Iré con cuidado y tendré localizada la habitación por si acaso.
Bajé las escaleras.
Seguía sin oír a nadie en la casa.
La casa era totalmente luminosa y decorada con un gusto exquisito.
Ninguna habitación se parecía entre sí.
Llegué a una de las salas por las que había pasado, la cual tenía una mesa de billar.
Guau…
Eso si era una bonita mesa de billar.
Había una barra de bar.
¿Sería una sala para fiestas?
Había fotos antiguas.
Estaba mirando un cuadro el cual me parecía de Goya.
No dudé que fuera original.
Me acerqué a ver más detenidamente si la firma aparecía en el cuadro.
¿Cuánto podría valer aquel cuadro?
Oí un ruido detrás de mí.
Tengo la intención de darme la vuelta.
Cuando de repente a alguien me agarra en brazo me hace una llave que no me permite moverme y me empuja contra la pared.
Noto otra arcada en el estómago.
Madre mía que poto el cuadro…
Mi corazón va a mil por hora.
No me puedo defender.
No me puedo mover…
viernes, 25 de junio de 2010
El hiperrealismo de Ron Mueck
jueves, 24 de junio de 2010
47. ¿Quién es esa?
-Si, soy yo.-dije con voz bajita y tímida.
¿Cómo sabe mi nombre?
Noté la mirada extrañada del hombrecillo este de arriba abajo.
Seguro que por la cara que me puso se esperaba otra cosa.
Una chica pija seguro.
Desde anoche no me había podido dar ni una ducha, ni cambiarme de ropa, ni peinarme, tendré para colmo unas ojeras impresionantes con el rostro pálido por no haber comido durante horas… En fin, estaré hecha un cuadro de Picasso.
Seguro.
-La señora Clara Segovia llamó hace unas horas avisando de su llegada. Las descripciones que me dio coincidían mas o menos con usted. -dijo tratando de parecer lo más amable posible.
Conmigo no hacía falta que disimulara, y mucho menos después de la cara que me había puesto antes.
Entonces el hombre hizo un amago para coger las maletas y llevarlas dentro, pero yo le paré.
No me hacía falta ayuda de nadie para subir una maleta y el bolso, y me parecía ridículo por muy cansada que estuviera.
Nunca me ha hecho falta nadie para ir a ningún sitio, no lo voy a necesitar ahora.
-Enserio, no se preocupe. Yo llevaré la maleta, gracias.-le dije mientras yo cogía la maleta antes de que se me adelantara.
Entonces el me miró con un gesto raro.
No estaría acostumbrado a que no acepten su ayuda.
-Me permitirá al menos que le abra la puerta, ¿no?- dijo a la vez que abría la puerta.
No me gustó nada el retintín con el que lo dijo.
Pasé.
Wow.
Creo que ni mi casa es tan grande como ese portal lleno de mármol blanco y negro.
Había espejos, flores, sofás de cuero y una escultura preciosa de un cuerpo de mujer…
Todo estaba decorado con un gusto exquisito.
Un sitio iluminado y precioso.
¿Y esto es solo el portal de casa?
Volví a sentirme mareada.
Miré a todos lados rápido y ví donde se encontraba el ascensor.
Entré rápido escaqueándome de las ayudas que el portero me iba a ofrecer.
No disimulé nada eso de que no quería más la compañía de aquel hombre uniformado.
Este seguro que tiene que estar al tanto de todos los cotilleos del edificio.
Cuanto menos supiera de mí, mejor.
Que ascensor mas bonito y cuantos botones tan curiosos…
Los botones parecían de nácar, el ascensor tenía madera tallada…
Una obra de arte en ascensor.
Otras personas dirían como una persona lo puede flipar tanto con una cosa como un ascensor, yo les diría que esos pequeños detalles son los que marcan definitivamente la diferencia.
En mi casa de Cáceres es imposible que nadie venga a recibirme, que me abra la puerta del portal y ver el portal que es igual o mas grande que mi casa y después ver un precioso ascensor que no aparecería ni en mis más lujosos sueños.
Me estaba poniendo incluso nerviosa, no me quiero ni imaginar lo que me espera a dos minutos entonces.
Oh Dios no¡¡
Me están empezando a dar arcadas por una mezcla de todo.
Entre los nervios, el mareo, dolor de cabeza y el dolor del estómago.
Me senté en el suelo.
Intenté encontrar el norte.
Cada vez veía peor.
Cojo enseguida la llave del bolso…
Maldito bolso que parece un pozo.
Cualquier día dentro de él me encuentro a la niña de “The Ring“.
Entonces llego por fin a la planta y veo una puerta blanca.
Intento levantarme y con mucho esfuerzo lo consigo.
Me acerco tambaleándome...
NECESITO CON URGENCIA IR AL CUARTO DE BAÑO.
De repente veo que aquella puerta blanca se abre.
¿Sería un milagro y vendría alguien a rescatarme?
Veo una chica alta, de pelo castaño y largo, delgadísima, llevaba una minifalda que dejaba ver unas larguísimas piernas con unos tacones de vértigo, su piel era bronceada, y unos ojos azules preciosos.
No era bonita, era tan guapa como un ángel.
Me quedé congelada apoyada sobre la pared.
¿Vendría a ayudarme?
Decidí acercarme a la puerta aunque ella esté saliendo, arriesgándome a caerme en el intento.
Estoy a dos pasos de ella.
Ella me mira con una mirada hostil.
Parece reconocerme.
Se dirige directamente al ascensor y a su pasar me da un golpe intencionado con el brazo en mi hombro el cual me hizo retroceder unos cuantos pasos.
Hago un esfuerzo para no caerme y me quedo apoyada sobre mi maleta.
Consigo recuperar el equilibrio.
Se mete en el ascensor, le da al botón y se cierra la puerta.
Yo literalmente flipando.
¿Qué le he hecho yo a esta chica?
¿Quién es ella?
Que de gracias que estoy así, porque si no esa no se hubiera ido tan fresca…
¿Quién más aparecería tras esa puerta?
¿Cómo sabe mi nombre?
Noté la mirada extrañada del hombrecillo este de arriba abajo.
Seguro que por la cara que me puso se esperaba otra cosa.
Una chica pija seguro.
Desde anoche no me había podido dar ni una ducha, ni cambiarme de ropa, ni peinarme, tendré para colmo unas ojeras impresionantes con el rostro pálido por no haber comido durante horas… En fin, estaré hecha un cuadro de Picasso.
Seguro.
-La señora Clara Segovia llamó hace unas horas avisando de su llegada. Las descripciones que me dio coincidían mas o menos con usted. -dijo tratando de parecer lo más amable posible.
Conmigo no hacía falta que disimulara, y mucho menos después de la cara que me había puesto antes.
Entonces el hombre hizo un amago para coger las maletas y llevarlas dentro, pero yo le paré.
No me hacía falta ayuda de nadie para subir una maleta y el bolso, y me parecía ridículo por muy cansada que estuviera.
Nunca me ha hecho falta nadie para ir a ningún sitio, no lo voy a necesitar ahora.
-Enserio, no se preocupe. Yo llevaré la maleta, gracias.-le dije mientras yo cogía la maleta antes de que se me adelantara.
Entonces el me miró con un gesto raro.
No estaría acostumbrado a que no acepten su ayuda.
-Me permitirá al menos que le abra la puerta, ¿no?- dijo a la vez que abría la puerta.
No me gustó nada el retintín con el que lo dijo.
Pasé.
Wow.
Creo que ni mi casa es tan grande como ese portal lleno de mármol blanco y negro.
Había espejos, flores, sofás de cuero y una escultura preciosa de un cuerpo de mujer…
Todo estaba decorado con un gusto exquisito.
Un sitio iluminado y precioso.
¿Y esto es solo el portal de casa?
Volví a sentirme mareada.
Miré a todos lados rápido y ví donde se encontraba el ascensor.
Entré rápido escaqueándome de las ayudas que el portero me iba a ofrecer.
No disimulé nada eso de que no quería más la compañía de aquel hombre uniformado.
Este seguro que tiene que estar al tanto de todos los cotilleos del edificio.
Cuanto menos supiera de mí, mejor.
Que ascensor mas bonito y cuantos botones tan curiosos…
Los botones parecían de nácar, el ascensor tenía madera tallada…
Una obra de arte en ascensor.
Otras personas dirían como una persona lo puede flipar tanto con una cosa como un ascensor, yo les diría que esos pequeños detalles son los que marcan definitivamente la diferencia.
En mi casa de Cáceres es imposible que nadie venga a recibirme, que me abra la puerta del portal y ver el portal que es igual o mas grande que mi casa y después ver un precioso ascensor que no aparecería ni en mis más lujosos sueños.
Me estaba poniendo incluso nerviosa, no me quiero ni imaginar lo que me espera a dos minutos entonces.
Oh Dios no¡¡
Me están empezando a dar arcadas por una mezcla de todo.
Entre los nervios, el mareo, dolor de cabeza y el dolor del estómago.
Me senté en el suelo.
Intenté encontrar el norte.
Cada vez veía peor.
Cojo enseguida la llave del bolso…
Maldito bolso que parece un pozo.
Cualquier día dentro de él me encuentro a la niña de “The Ring“.
Entonces llego por fin a la planta y veo una puerta blanca.
Intento levantarme y con mucho esfuerzo lo consigo.
Me acerco tambaleándome...
NECESITO CON URGENCIA IR AL CUARTO DE BAÑO.
De repente veo que aquella puerta blanca se abre.
¿Sería un milagro y vendría alguien a rescatarme?
Veo una chica alta, de pelo castaño y largo, delgadísima, llevaba una minifalda que dejaba ver unas larguísimas piernas con unos tacones de vértigo, su piel era bronceada, y unos ojos azules preciosos.
No era bonita, era tan guapa como un ángel.
Me quedé congelada apoyada sobre la pared.
¿Vendría a ayudarme?
Decidí acercarme a la puerta aunque ella esté saliendo, arriesgándome a caerme en el intento.
Estoy a dos pasos de ella.
Ella me mira con una mirada hostil.
Parece reconocerme.
Se dirige directamente al ascensor y a su pasar me da un golpe intencionado con el brazo en mi hombro el cual me hizo retroceder unos cuantos pasos.
Hago un esfuerzo para no caerme y me quedo apoyada sobre mi maleta.
Consigo recuperar el equilibrio.
Se mete en el ascensor, le da al botón y se cierra la puerta.
Yo literalmente flipando.
¿Qué le he hecho yo a esta chica?
¿Quién es ella?
Que de gracias que estoy así, porque si no esa no se hubiera ido tan fresca…
¿Quién más aparecería tras esa puerta?
martes, 22 de junio de 2010
Comenzamos el verano :D
Chicos y chicas,
Hombres y mujeres,
Señores y señoritas
(y algún que otro gilipollas suelto ;D )
Para mí ha comenzado el verano y pienso estar en remojo...

Y disfrutando del sol,
escuchando mis canciones favoritas,
viendo cuerpos que han estado esforzándose en el gimnasio,
haciendo miles de dietas
( a mi me mola la del cucurucho xD)
otros que se la pela y aún así son bellos,
(e incluso eso a algunos les hace ser más bellos de lo que nunca llegaron a imaginar, xq les da igual lo que piensen los demás y se sienten felices consigo mismos.)
bebiendo mi cervecita,
comiendo helados...

Y saboreando lo dulce que puede llegar a resultar el verano.
NO SE AMARGUEN¡¡
por lo que si no actualizo puede que sea xq ese día me lo esté pasando muy bien :D
Os dejo aquí una canción que sonará mucho este verano...
Hombres y mujeres,
Señores y señoritas
(y algún que otro gilipollas suelto ;D )
Para mí ha comenzado el verano y pienso estar en remojo...

Y disfrutando del sol,
escuchando mis canciones favoritas,
viendo cuerpos que han estado esforzándose en el gimnasio,
haciendo miles de dietas
( a mi me mola la del cucurucho xD)
otros que se la pela y aún así son bellos,
(e incluso eso a algunos les hace ser más bellos de lo que nunca llegaron a imaginar, xq les da igual lo que piensen los demás y se sienten felices consigo mismos.)
bebiendo mi cervecita,
comiendo helados...
Y saboreando lo dulce que puede llegar a resultar el verano.
NO SE AMARGUEN¡¡
por lo que si no actualizo puede que sea xq ese día me lo esté pasando muy bien :D
Os dejo aquí una canción que sonará mucho este verano...
lunes, 21 de junio de 2010
46. Menuda resaca de anoche.
Y a partir de aquí comenzó el viaje que me llevó hasta Nueva York.
Me hubiera encantado que hubiera sido un viaje corto e idílico buscando mi futuro, con ilusión, pero era algo muy difícil después de lo que acababa de hacer.
Aquel beso me había conseguido desconcertar.
En el autobús intenté dormir un rato, pero me fue imposible. No paraba de darle vueltas a todo en mi cabeza.
Cada vez que conseguía entrar en una fase parecida al sueño, pero que aún no había llegado a él, aquel beso volvía a mi cabeza.
Antes de lo que tenía pensado llegué a esa otra preciosa y gran ciudad, Madrid.
Nada más salir me tocó buscar un taxi.
Estaba cansadísima.
Notaba mi cuerpo sin fuerza y sin hambre.
No conseguía enterarme de nada.
Llegué al punto de andar y no pensar en nada.
Era como un viaje con anestesia.
Actuaba como una zombi.
En mi cabeza notaba un ligero dolor de cabeza por culpa del cansancio y del haber estado bebiendo en exceso.
El taxista creo que se quedo asombradísimo al ver como yo hacía todas las cosas como si estuviera dormida, todos mis movimientos eran mecánicos.
Tenía tanto sueño que me costaba hablar.
Ya me daba igual, me tenía que esperar a coger el avión para dormir.
Llegué al aeropuerto con el tiempo bien calculado, hice todo el royo de las maletas y después por fin llegó el momento de montar en el avión.
Todo esto son recuerdos vagos, por que tenía tantísimo sueño que nada más subir al avión en un vuelo de primera clase, con un buen asiento donde dormir, caí en un profundísimo sueño.
Creo que en este momento era lo único que pensaba: en dormir, en tomarme un ibuprofeno, o beber mucha agua…
No sé, la cuestión es que dormí las siete horas y pico del tirón.
Tuve toda clase de sueños: yo sola en la ciudad grande, Clara, Alberto, mi familia, Mery…
Entonces noté unos golpecitos en el hombro.
-Señorita, ya vamos a aterrizar.
Eso fue lo primero que oí cuando llegué por fin a la gran ciudad.
La ciudad que guardaba los sueños de tantas personas.
Ahora el mío también.
Me despertó una azafata que era lo más parecido a la Barbie o una actriz porno, todo según se mire.
Con esas tetas me costaba incluso mirarla a la cara.
Digamos que lo primero que vi cuando llegué fueron esas tetas como sandías.
No me lo podía creer… ¡Por fin estoy en Nueva York!
Tampoco me podía creer que siendo uno de los días más felices de mi vida, tuviera la cabeza peor que el bombo del Manolo…
¡Qué dolor de cabeza!
Tenía el estómago que no me entraría nada.
Aún tenía muchísimo sueño.
Aún no había comido nada.
Necesitaba agua.
Una ducha…
Pensé que lo primero que tendría que buscar sería un sitio donde desayunar o comer algo.
Luego me di cuenta que si hago eso, me pasaré toda la mañana en un cuarto de baño público vomitando…
Tengo el estómago que parece una lavadora de ácidos.
Mejor me espero a llegar a casa.
Eso será otra, ¿cómo será la casa?
Intentaré pensar en otra cosa.
La maleta.
Por fin ya tengo la maleta.
Es impresionante mirar alrededor y ver la cantidad de gente que hay de todo el mundo en ese aeropuerto.
Me da igual, necesito aire fresco, descansar.
Pillo un taxi.
Cuanto ruido.
Mi cabeza…
Que gracioso el taxista.
Era asiático medio cubano que llevaba todo el pelo lleno de rastas.
El taxi estaba lleno de cosas de Bob Marley.
Le dije a este donde iba y durante el camino me preguntó de donde era, que si había venido alguna vez más…
Menudo interrogatorio y estoy que no puedo ni hablar.
Me hubiera encantado prestarle mas atención.
Era imposible, al ver esos edificios, tanta gente, tantas tiendas tanto TODO…
Y yo con el RESACÓN.
El viaje en taxi se me hizo cortísimo.
Creo que fue porque estoy medio dormida.
Lucho con mis párpados que se caen solos.
Llegamos por fin a la calle.
¿Pero y esa cantidad de tiendas caras?
Yo sinceramente creo que lo estoy flipando en colores y hasta que no consiga dormir y pisar el suelo e ir al Central Park…
Me dejó en lo que sería a partir de ahora el portal de mi casa.
El taxista, me ayudó a sacar el equipaje.
Sin duda esta tiene que ser una de las calles más transitadas de Manhattan.
No tengo ni idea de que me espera.
Miré el edificio, que pasada...
Pero mejor miro al suelo.
Que mareo…
Entonces sin que yo dijera nada se me acercó un hombre mayor, bajito y uniformado. Parecía un botones y acababa de salir del portal a donde yo me dirigía.
Tuve que mirar varias veces el papel que me había dado Clara antes de hacer ningún movimiento, por si acaso.
Me parecía todo de broma.
-Perdone, ¿Es usted la señorita Carmen García Gutierrez?-dijo aquel hombre uniformado.
Me hubiera encantado que hubiera sido un viaje corto e idílico buscando mi futuro, con ilusión, pero era algo muy difícil después de lo que acababa de hacer.
Aquel beso me había conseguido desconcertar.
En el autobús intenté dormir un rato, pero me fue imposible. No paraba de darle vueltas a todo en mi cabeza.
Cada vez que conseguía entrar en una fase parecida al sueño, pero que aún no había llegado a él, aquel beso volvía a mi cabeza.
Antes de lo que tenía pensado llegué a esa otra preciosa y gran ciudad, Madrid.
Nada más salir me tocó buscar un taxi.
Estaba cansadísima.
Notaba mi cuerpo sin fuerza y sin hambre.
No conseguía enterarme de nada.
Llegué al punto de andar y no pensar en nada.
Era como un viaje con anestesia.
Actuaba como una zombi.
En mi cabeza notaba un ligero dolor de cabeza por culpa del cansancio y del haber estado bebiendo en exceso.
El taxista creo que se quedo asombradísimo al ver como yo hacía todas las cosas como si estuviera dormida, todos mis movimientos eran mecánicos.
Tenía tanto sueño que me costaba hablar.
Ya me daba igual, me tenía que esperar a coger el avión para dormir.
Llegué al aeropuerto con el tiempo bien calculado, hice todo el royo de las maletas y después por fin llegó el momento de montar en el avión.
Todo esto son recuerdos vagos, por que tenía tantísimo sueño que nada más subir al avión en un vuelo de primera clase, con un buen asiento donde dormir, caí en un profundísimo sueño.
Creo que en este momento era lo único que pensaba: en dormir, en tomarme un ibuprofeno, o beber mucha agua…
No sé, la cuestión es que dormí las siete horas y pico del tirón.
Tuve toda clase de sueños: yo sola en la ciudad grande, Clara, Alberto, mi familia, Mery…
Entonces noté unos golpecitos en el hombro.
-Señorita, ya vamos a aterrizar.
Eso fue lo primero que oí cuando llegué por fin a la gran ciudad.
La ciudad que guardaba los sueños de tantas personas.
Ahora el mío también.
Me despertó una azafata que era lo más parecido a la Barbie o una actriz porno, todo según se mire.
Con esas tetas me costaba incluso mirarla a la cara.
Digamos que lo primero que vi cuando llegué fueron esas tetas como sandías.
No me lo podía creer… ¡Por fin estoy en Nueva York!
Tampoco me podía creer que siendo uno de los días más felices de mi vida, tuviera la cabeza peor que el bombo del Manolo…
¡Qué dolor de cabeza!
Tenía el estómago que no me entraría nada.
Aún tenía muchísimo sueño.
Aún no había comido nada.
Necesitaba agua.
Una ducha…
Pensé que lo primero que tendría que buscar sería un sitio donde desayunar o comer algo.
Luego me di cuenta que si hago eso, me pasaré toda la mañana en un cuarto de baño público vomitando…
Tengo el estómago que parece una lavadora de ácidos.
Mejor me espero a llegar a casa.
Eso será otra, ¿cómo será la casa?
Intentaré pensar en otra cosa.
La maleta.
Por fin ya tengo la maleta.
Es impresionante mirar alrededor y ver la cantidad de gente que hay de todo el mundo en ese aeropuerto.
Me da igual, necesito aire fresco, descansar.
Pillo un taxi.
Cuanto ruido.
Mi cabeza…
Que gracioso el taxista.
Era asiático medio cubano que llevaba todo el pelo lleno de rastas.
El taxi estaba lleno de cosas de Bob Marley.
Le dije a este donde iba y durante el camino me preguntó de donde era, que si había venido alguna vez más…
Menudo interrogatorio y estoy que no puedo ni hablar.
Me hubiera encantado prestarle mas atención.
Era imposible, al ver esos edificios, tanta gente, tantas tiendas tanto TODO…
Y yo con el RESACÓN.
El viaje en taxi se me hizo cortísimo.
Creo que fue porque estoy medio dormida.
Lucho con mis párpados que se caen solos.
Llegamos por fin a la calle.
¿Pero y esa cantidad de tiendas caras?
Yo sinceramente creo que lo estoy flipando en colores y hasta que no consiga dormir y pisar el suelo e ir al Central Park…
Me dejó en lo que sería a partir de ahora el portal de mi casa.
El taxista, me ayudó a sacar el equipaje.
Sin duda esta tiene que ser una de las calles más transitadas de Manhattan.
No tengo ni idea de que me espera.
Miré el edificio, que pasada...
Pero mejor miro al suelo.
Que mareo…
Entonces sin que yo dijera nada se me acercó un hombre mayor, bajito y uniformado. Parecía un botones y acababa de salir del portal a donde yo me dirigía.
Tuve que mirar varias veces el papel que me había dado Clara antes de hacer ningún movimiento, por si acaso.
Me parecía todo de broma.
-Perdone, ¿Es usted la señorita Carmen García Gutierrez?-dijo aquel hombre uniformado.
domingo, 20 de junio de 2010
45. Ojos que no ven, corazón que no siente.
Entonces me di cuenta en ese momento de la de vueltas que da la vida.
Nunca volvería a planear un mañana.
No servirá de nada.
Solo existirá hoy.
Hay trenes que solo pasan una vez. Este era el mío.
Nunca imaginé que abandonaría esta pequeña ciudad. Tampoco me había imaginado una vida sin Alberto… Nunca imaginé que Alberto estaría aquí despidiéndose de mí.
El hombre al que dejé, al que prometí un día que nunca le dejaría, que me cuidó cuando lo necesité, el que se comportó siempre como un amigo, el que fue una parte esencial de mí….
Yo tenía el billete en la mano y no paraba de temblar.
Me estaba enfrentando a uno de los momentos más duros de mi vida, un adiós definitivo a todo lo que conozco.
Yo sola…
Ha llegado el momento y el autobús no iba a esperar por mí.
Alberto tenía los ojos llorosos.
Él lo tendría que estar pasando igual de mal trago que yo.
Incluso peor.
Él había asumido que me tenía que dejar ir…
Temblaba como yo.
Yo miraba aquellos ojos marrones que sabían que no podían hacer ya nada para que me quedara.
Una mirada que me dijo que él en ese momento habría dado todo lo que tiene para estar conmigo y no perderme.
En un repentino movimiento él se me acercó y me dio un gran y caluroso abrazo.
Yo al saber que sería el abrazo de despedida le respondí aquel abrazo con todas mis fuerzas.
Creció el nudo en la garganta.
Las lágrimas comenzaron a nublarme la vista.
Me besó el pelo.
-Que no te de miedo. Pásalo bien y ten cuidado.¿vale?- me dijo en un susurro sin fuerzas.
Yo asentí con la cabeza.
Me temblaba casi todo, estaba a punto de un ataque de nervios.
Un segundo…
Un impulso nacía de mí a gritos.
Le dí un beso en los labios.
El beso con sabor a amargura, miel, recuerdo…
El me respondió aquel beso en el que los dos estábamos llorando.
Un beso intenso y triste…
-Señorita, ya nos vamos.- Dijo el conductor del autobús.
Me di la vuelta rápido.
Ya era la hora.
Le hice un gesto de adiós a Alberto con la mano sin mirarle y me subí al autobús.
No podía dejar de llorar.
Ojos que no ven, corazón que no siente.
Si le miraba de nuevo perdería mi oportunidad.
Una vez llegué a mi sitio me asomé por la ventana.
No quería, pero era imposible no mirar por última vez.
Allí estaba él de pie esperando a ver el autobús marchar.
Su sonrisa de oreja a oreja a la vez que se secaba las lágrimas.
Volví a temblar…
Se me encogió el corazón.
Me hizo un gesto de adiós con la mano, se colocó la camisa que me había prestado antes en el hombro y se fue.
Me sentí totalmente contradictoria…
No sabía si lo que quería era que el autobús arrancara ya mismo o bajarme para irme detrás de Alberto.
En ese mismo momento el autobús arrancó.
Quien sabe si era para no volver…
Esto continúa :D
Ojala alguno de vosotros echara de menos estos días en los que no pude publicar...
Nunca volvería a planear un mañana.
No servirá de nada.
Solo existirá hoy.
Hay trenes que solo pasan una vez. Este era el mío.
Nunca imaginé que abandonaría esta pequeña ciudad. Tampoco me había imaginado una vida sin Alberto… Nunca imaginé que Alberto estaría aquí despidiéndose de mí.
El hombre al que dejé, al que prometí un día que nunca le dejaría, que me cuidó cuando lo necesité, el que se comportó siempre como un amigo, el que fue una parte esencial de mí….
Yo tenía el billete en la mano y no paraba de temblar.
Me estaba enfrentando a uno de los momentos más duros de mi vida, un adiós definitivo a todo lo que conozco.
Yo sola…
Ha llegado el momento y el autobús no iba a esperar por mí.
Alberto tenía los ojos llorosos.
Él lo tendría que estar pasando igual de mal trago que yo.
Incluso peor.
Él había asumido que me tenía que dejar ir…
Temblaba como yo.
Yo miraba aquellos ojos marrones que sabían que no podían hacer ya nada para que me quedara.
Una mirada que me dijo que él en ese momento habría dado todo lo que tiene para estar conmigo y no perderme.
En un repentino movimiento él se me acercó y me dio un gran y caluroso abrazo.
Yo al saber que sería el abrazo de despedida le respondí aquel abrazo con todas mis fuerzas.
Creció el nudo en la garganta.
Las lágrimas comenzaron a nublarme la vista.
Me besó el pelo.
-Que no te de miedo. Pásalo bien y ten cuidado.¿vale?- me dijo en un susurro sin fuerzas.
Yo asentí con la cabeza.
Me temblaba casi todo, estaba a punto de un ataque de nervios.
Un segundo…
Un impulso nacía de mí a gritos.
Le dí un beso en los labios.
El beso con sabor a amargura, miel, recuerdo…
El me respondió aquel beso en el que los dos estábamos llorando.
Un beso intenso y triste…
-Señorita, ya nos vamos.- Dijo el conductor del autobús.
Me di la vuelta rápido.
Ya era la hora.
Le hice un gesto de adiós a Alberto con la mano sin mirarle y me subí al autobús.
No podía dejar de llorar.
Ojos que no ven, corazón que no siente.
Si le miraba de nuevo perdería mi oportunidad.
Una vez llegué a mi sitio me asomé por la ventana.
No quería, pero era imposible no mirar por última vez.
Allí estaba él de pie esperando a ver el autobús marchar.
Su sonrisa de oreja a oreja a la vez que se secaba las lágrimas.
Volví a temblar…
Se me encogió el corazón.
Me hizo un gesto de adiós con la mano, se colocó la camisa que me había prestado antes en el hombro y se fue.
Me sentí totalmente contradictoria…
No sabía si lo que quería era que el autobús arrancara ya mismo o bajarme para irme detrás de Alberto.
En ese mismo momento el autobús arrancó.
Quien sabe si era para no volver…
Esto continúa :D
Ojala alguno de vosotros echara de menos estos días en los que no pude publicar...
viernes, 18 de junio de 2010
Miedo de no verte nunca más
Posible cancion de Carmen a Alberto,
O de Alberto a Carmen.
No lo tengo claro...
Lo que tengo claro es que esta canción no se me olvida xq me encanta.
O de Alberto a Carmen.
No lo tengo claro...
Lo que tengo claro es que esta canción no se me olvida xq me encanta.
jueves, 17 de junio de 2010
44. Un úlfimo cigarro. Un último adiós.
Era algo que no imaginé, el volver a subir a mi casa con Alberto.
Era muy extraño su compañía por todo lo que había sufrido y algo muy familiar, por todas las veces que habíamos subido juntos en aquel ascensor…
Cada vez me estoy dando más cuenta que quizás no fuera por el alcohol nada de esto estaría ocurriendo.
No se me habría ocurrido volver a acercarme a Alberto después de aquel día en el parque, después de saber que yo no me merezco que él me trate como si no hubiera pasado nada.
Soy la que acaba de admitir diciendo que él no viniera conmigo a Nueva York que en realidad lo que quiero es alejarme de él, ser egoísta y solo pensar en mí…
Soy joven, solo viviré una vez y quiero VIVIR.
Vivir sin compromisos,
vivir libre
y haciendo solo lo que yo quiera en una ciudad que representa un sueño…
No me refiero al sueño americano (aquel estúpido sueño americano lleno de riqueza), si no a mi sueño de volver a empezar de cero y siendo lo que yo quiera ser.
Ser feliz con lo poco que tenga ganado por mi esfuerzo.
Ese es mi sueño.
Sin ataduras y sin metas, solo llegar allí, comenzar y ver lo que la vida me va ofreciendo.
Cuando llegué a casa allí estaba todo lo que había sido mi vida monótona y rutinaria.
Mis días desde que tomé el biberón, aprendí a andar, lloré, reí, celebré fiestas, canté, bailé, me peleé con mi hermana, abracé a mis padres, me castigaron, me sentí querida… Estaba todo en aquella casa y en mi cabeza.
Ese era mi sitio y sabía que pasara lo que pasara, siempre podría volver, y volvería con nuevas historias y más experiencia.
Yo de niña nunca habría imaginado esto.
Me estaba volviendo mayor y era la hora de abrir las alas para volar…
Alberto entró a mi casa justo detrás observándolo todo detenidamente.
Dejé en el salón las llaves del Saxo, no lo iba a necesitar.
Alberto había entrado a mi habitación sin decirme nada.
Allí estaba él mirando las cosas que tenía en la habitación.
Aún no había quitado ninguno de sus regalos ni ninguna de sus cosas.
-Veo que por aquí siguen las cosas igual.-Dijo con cierto tono de melancolía en su voz.
-¿Qué te esperabas?
-No lo sé.
Entonces se fijó en un corcho que tengo en mi habitación lleno de fotos.
Faltaban bastantes fotos que estaban dentro de mi maleta y allí seguían algunas cuantas fotos que tenía con él de algunos viajes que habíamos hecho.
-¿Puedo llevarme esta foto de aquí?
Entonces me acerqué a ver cual era.
Era una foto suya y mía de un intento de viaje a Badajoz.
Digo intento, porque a mitad del camino el coche se estropeó y nos quedamos tirados allí un buen rato en mitad de la nada.
Salimos él y yo, sonrientes, con un precioso paisaje de fondo lleno de encinas y azul intenso en el cielo.
La miro y pienso lo pequeños que parecíamos en aquella foto.
Esa foto me encantaba y era una de las primeras veces que desde que no estoy saliendo con Alberto, vuelvo a sonreír al verla.
El me miró y me sonrió.
Creo que él había pensado lo mismo que yo.
-Por supuesto que puedes quedarte esa foto, es tan tuya como mía.- le dije.
Entonces la despegó del corcho y la guardó en el bolsillo.
Tenía que darme prisa y ponerme otra cosa que no fuera la camiseta de Alberto.
Llevaba tal encima que me puse lo primero que vi en el armario sin pensármelo ni un poquito.
Me dirigí hacia la entrada a coger el equipaje.
Él se me adelantó y cogió todo.
Cerré las persianas, apagué las luces y cerré la puerta.
¿Cuándo volvería?
No tengo ni idea, pero sea lo que sea, espero volver algún día.
En el ascensor, Alberto no me paraba de mirar de una manera muy extraña.
-¿Qué me miras tanto?-le dije nerviosa.
Me estaba poniendo impaciente.
-No me esperaba de ti que te marcharas de casa con tanta frialdad, no sé… Sueles ser más sentimental para estas cosas. Aún me acuerdo de la pena que te dió cuando nos fuimos a Londres y me parece mentira…
-Si te soy sincera, a veces yo también me sorprendo a mi misma.
-También me sorprende que lleves tan poca cosa .¿Hay algo que yo no sepa? ¿Solo una maleta? ¿Es enserio que vas a ir desnuda?
Entonces recordé que Alberto no tenía ni idea de quien era Clara.
Él solo sabía que me habían ofrecido trabajo en Nueva York.
Esa era la versión oficial que había contado a resumidas cuentas a los conocidos.
Mi madre supongo que no le dio muchos detalles a su madre la última vez que hablaron, pues mi madre sabe que aún la herida está reciente y que no debía irse mucho de la lengua.
No creo que Alberto deba de conocer toda la verdad.
Se asustaría si supiera que a Clara la conocí hace 9 días.
-Creo que se ha hecho un poco tarde para contestarte a esa pregunta. Pero te puedo decir que allí voy a estar bien y que no te tienes que preocupar por nada.
Esto último se lo dije por que le conozco muy bien y sé que es seguro que le de vueltas toda la noche de lo que hago o dejo de hacer.
Siempre ha sido muy protector conmigo.
-¿Carmen te puedo pedir un último favor?
-Por supuesto.
-¿Me darás un toque cuando llegues?- Me dijo en tono suplicante, un tono que tenía él en especial que me hacía decirle que sí a cualquier cosa que me pidiera.
-Está bien. Lo haré. No te preocupes.
Nos volvimos a montar en el coche.
Esta vez el silencio me perturbaba, pues sabía que por mucho que lo intentara disimular, resultaría raro y difícil una despedida con Alberto.
Por fin llegamos a la estación de autobuses.
Esperamos allí los dos durante cinco minutos mientras nos fumábamos un cigarro.
El último cigarro en Cáceres.
No nos dijimos nada.
Yo escuchaba y sentía en el pecho un corazón latiendo fuerte y a mucha velocidad.
Justo al acabarlo llegó el autobús.
Saqué el billete del bolso.
Alberto metió la maleta en el maletero.
Llegó el momento de la despedida.
Esto ya no era un hasta luego… era un ADIÓS.
Continuará...
Era muy extraño su compañía por todo lo que había sufrido y algo muy familiar, por todas las veces que habíamos subido juntos en aquel ascensor…
Cada vez me estoy dando más cuenta que quizás no fuera por el alcohol nada de esto estaría ocurriendo.
No se me habría ocurrido volver a acercarme a Alberto después de aquel día en el parque, después de saber que yo no me merezco que él me trate como si no hubiera pasado nada.
Soy la que acaba de admitir diciendo que él no viniera conmigo a Nueva York que en realidad lo que quiero es alejarme de él, ser egoísta y solo pensar en mí…
Soy joven, solo viviré una vez y quiero VIVIR.
Vivir sin compromisos,
vivir libre
y haciendo solo lo que yo quiera en una ciudad que representa un sueño…
No me refiero al sueño americano (aquel estúpido sueño americano lleno de riqueza), si no a mi sueño de volver a empezar de cero y siendo lo que yo quiera ser.
Ser feliz con lo poco que tenga ganado por mi esfuerzo.
Ese es mi sueño.
Sin ataduras y sin metas, solo llegar allí, comenzar y ver lo que la vida me va ofreciendo.
Cuando llegué a casa allí estaba todo lo que había sido mi vida monótona y rutinaria.
Mis días desde que tomé el biberón, aprendí a andar, lloré, reí, celebré fiestas, canté, bailé, me peleé con mi hermana, abracé a mis padres, me castigaron, me sentí querida… Estaba todo en aquella casa y en mi cabeza.
Ese era mi sitio y sabía que pasara lo que pasara, siempre podría volver, y volvería con nuevas historias y más experiencia.
Yo de niña nunca habría imaginado esto.
Me estaba volviendo mayor y era la hora de abrir las alas para volar…
Alberto entró a mi casa justo detrás observándolo todo detenidamente.
Dejé en el salón las llaves del Saxo, no lo iba a necesitar.
Alberto había entrado a mi habitación sin decirme nada.
Allí estaba él mirando las cosas que tenía en la habitación.
Aún no había quitado ninguno de sus regalos ni ninguna de sus cosas.
-Veo que por aquí siguen las cosas igual.-Dijo con cierto tono de melancolía en su voz.
-¿Qué te esperabas?
-No lo sé.
Entonces se fijó en un corcho que tengo en mi habitación lleno de fotos.
Faltaban bastantes fotos que estaban dentro de mi maleta y allí seguían algunas cuantas fotos que tenía con él de algunos viajes que habíamos hecho.
-¿Puedo llevarme esta foto de aquí?
Entonces me acerqué a ver cual era.
Era una foto suya y mía de un intento de viaje a Badajoz.
Digo intento, porque a mitad del camino el coche se estropeó y nos quedamos tirados allí un buen rato en mitad de la nada.
Salimos él y yo, sonrientes, con un precioso paisaje de fondo lleno de encinas y azul intenso en el cielo.
La miro y pienso lo pequeños que parecíamos en aquella foto.
Esa foto me encantaba y era una de las primeras veces que desde que no estoy saliendo con Alberto, vuelvo a sonreír al verla.
El me miró y me sonrió.
Creo que él había pensado lo mismo que yo.
-Por supuesto que puedes quedarte esa foto, es tan tuya como mía.- le dije.
Entonces la despegó del corcho y la guardó en el bolsillo.
Tenía que darme prisa y ponerme otra cosa que no fuera la camiseta de Alberto.
Llevaba tal encima que me puse lo primero que vi en el armario sin pensármelo ni un poquito.
Me dirigí hacia la entrada a coger el equipaje.
Él se me adelantó y cogió todo.
Cerré las persianas, apagué las luces y cerré la puerta.
¿Cuándo volvería?
No tengo ni idea, pero sea lo que sea, espero volver algún día.
En el ascensor, Alberto no me paraba de mirar de una manera muy extraña.
-¿Qué me miras tanto?-le dije nerviosa.
Me estaba poniendo impaciente.
-No me esperaba de ti que te marcharas de casa con tanta frialdad, no sé… Sueles ser más sentimental para estas cosas. Aún me acuerdo de la pena que te dió cuando nos fuimos a Londres y me parece mentira…
-Si te soy sincera, a veces yo también me sorprendo a mi misma.
-También me sorprende que lleves tan poca cosa .¿Hay algo que yo no sepa? ¿Solo una maleta? ¿Es enserio que vas a ir desnuda?
Entonces recordé que Alberto no tenía ni idea de quien era Clara.
Él solo sabía que me habían ofrecido trabajo en Nueva York.
Esa era la versión oficial que había contado a resumidas cuentas a los conocidos.
Mi madre supongo que no le dio muchos detalles a su madre la última vez que hablaron, pues mi madre sabe que aún la herida está reciente y que no debía irse mucho de la lengua.
No creo que Alberto deba de conocer toda la verdad.
Se asustaría si supiera que a Clara la conocí hace 9 días.
-Creo que se ha hecho un poco tarde para contestarte a esa pregunta. Pero te puedo decir que allí voy a estar bien y que no te tienes que preocupar por nada.
Esto último se lo dije por que le conozco muy bien y sé que es seguro que le de vueltas toda la noche de lo que hago o dejo de hacer.
Siempre ha sido muy protector conmigo.
-¿Carmen te puedo pedir un último favor?
-Por supuesto.
-¿Me darás un toque cuando llegues?- Me dijo en tono suplicante, un tono que tenía él en especial que me hacía decirle que sí a cualquier cosa que me pidiera.
-Está bien. Lo haré. No te preocupes.
Nos volvimos a montar en el coche.
Esta vez el silencio me perturbaba, pues sabía que por mucho que lo intentara disimular, resultaría raro y difícil una despedida con Alberto.
Por fin llegamos a la estación de autobuses.
Esperamos allí los dos durante cinco minutos mientras nos fumábamos un cigarro.
El último cigarro en Cáceres.
No nos dijimos nada.
Yo escuchaba y sentía en el pecho un corazón latiendo fuerte y a mucha velocidad.
Justo al acabarlo llegó el autobús.
Saqué el billete del bolso.
Alberto metió la maleta en el maletero.
Llegó el momento de la despedida.
Esto ya no era un hasta luego… era un ADIÓS.
Continuará...
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