Gracias por leerlo :D

¡Empiecen desde la 1ª Entrada si queréis leer la historia de Carmen! No empiecen la casa por el tejado.


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martes, 9 de noviembre de 2010

72. Otra versión de mí misma.

¡Pobre David!
Me voy a rendir…¡Tengo qué hacer algo!
MALDITO MANDO.
Miro la cama y veo como David empieza a quejarse.
Se empieza a enrollar la almohada en la cabeza.
Yo aun sigo con el maldito mando este en la mano sin saber qué hacer.
Las persianas se han subido del todo.
De repente distingo un botón de volumen… ¡Por fin! Lo bajo al máximo.
¡Qué cagada acabo de hacer!
Ya paso de intentar bajar las persianas.
¡Qué vergüenza!
¿Y cómo le miro yo ahora a David a la cara después de esta manera de despertarle?
Me empecé a poner muy roja.
Miro la cama de reojo.
Intento no moverme mucho… ¿El motivo? Ni idea. Solo sigo mi instinto.
David está aun con la almohada enrollada en la cabeza bocabajo.
¿Qué hago?
Pues intento huir…
Doy tres pasos largos y silenciosos de puntillas.
Cruzo los dedos.
Qué no me mire…
Qué no me mire…
Qué no me mire…
Vuelvo a mirar la cama y veo como me está mirando tumbado en la cama, con cara de recién levantado, un poco de mal humor e intentando saber qué hacía intentando huir.
¡Me ha catado de lleno!
Al ver él la mi cara de fastidio sonrió.
-Buenos días.-dije en un pequeño susurro, con una sonrisita falsa y saludando con la mano.
-Si pretendías devolverme el susto de anoche, te puedo asegurar que lo has conseguido...-dijo con la voz toda ronca a la vez que se estiraba.
-Enserio, yo no quería despertarte… y menos así.-Dije con mi vocecilla de dar pena.-Es que pisé el mando porque no veía nada…
-No te preocupes y deja de intentar darme la pena. Aquí la víctima soy yo. -me interrumpió en un tono guasón.
-Voy a salir y no te molesto más.-dije solo pensando en salir a correr y morirme de la vergüenza en cualquier otro lugar.
-No molestas.-Dijo a la vez que se levantaba de la cama.
Él estaba en calzoncillos.
¡Ay mi madre!
Por unos momentos creía que se me caería la baba o se me saldrían los ojos de las órbitas.
Miré para otro lado, no quería quedarme mirándole y parecer una mongola.
Vi entonces la cámara de fotos, era la excusa perfecta para no mirarle.
Tenía que salir escopetada de allí…
¡Ya!
-Voy a arreglarme…¡y eso!.-Dije deprisa a la vez que cogía la cámara y me dirigía hacia la puerta.
-¡Dame un toque cuando estés lista!.
-Vale.
Salí de allí como alma que lleva el diablo.
Sin darme la vuelta ni nada. No quería mirar atrás.
¡Pero qué pelos tengo que tener!
¡Y qué careto!
Por fin conseguí llegar a mi habitación y estaba totalmente intacta. De vuelta a mi “pequeño” espacio de la mansión de Barbie Clara…
Por allí estaban la maletas.
El portátil aun estaba encima de la cama. Lo encendí.
Busqué el cable de la cámara para pasar las fotos al ordenador. Terminaron de pasarse enseguida.
Me metí en el correo.
No se me debía olvidar lo que le había dicho a Clara de que tenía que enviarle fotos.
Escribí el mensaje una y otra vez porque parecía no encontrar nunca la frase correcta. Sabía que este no era perfecto pero bastaría.

Me va a hacer falta unos cuantos días para descubrir esta casa, que es preciosa y muy grande. También me va a costar aprenderme los botones de toda la casa. Por ahora todo genial. Muchísimas gracias por toooooodo lo que hay dentro del armario. Y por tener un hijo tan simpático.

Adjunto al mensaje le añadí una foto de David y mía, haciendo el tonto y sacando la lengua.
No me olvidé de Lucía, a la que le envié una foto de David en la habitación tomándose el batido.
Salía mirando a la cámara con una sonrisa perfecta.
No quería asimilar que me había quedado mirando esa foto durante más de cinco minutos antes de enviarla…
Y luego le envié una foto mía hablando por el móvil, en la cual se veía la habitación y las vistas que había desde mi habitación.
Con el siguiente texto adjunto a las fotos:

¿Qué me dices a esto?

No quería tardar más de la cuenta, por lo que enseguida apagué el portátil. Ahora tocaba arreglarse.
Entré en el cuarto de baño localicé todo lo que necesitaba para asearme y más. No pararía de descubrir cosas nuevas una y otra vez.
Con todas las cosas que tenía, podía tardar si quería toda un día arreglándome.
Después me fui al armario.
Que miedito me daba volver a ese sitio que no parecía tener fondo ni fin…
Encontré la libreta de pelos y empecé a buscar los números correspondientes. Lo iba alucinando poco a poco cuando me encontraba con esos zapatos tan bonitos que me tenía que poner, con los collares o los pendientes.
Me pasó lo mismo con los vestidos de todo tipo.
Me aplicaré eso de que para estar guapa hay que sufrir. Es lo típico que se dice para convencerse una a si misma cada vez que vas a salir…
Con lo poco que a mí me gusta complicarme…
Cuando tuve la mayoría de las cosas las coloqué encima de la cama.
Creo que era algo que nunca me hubiera puesto… ¿Era enserio? Tragué saliva.
Demasiado escote, falda muy corta, colores muy llamativos, mucho tacón, muchos complementos, muy... ¡No sé!
Me voy a sentir como disfrazada. La versión más porno de mí misma.
Pero no podía decir que no. Mejor no lo pensaría. Me metería en mi nuevo papel.
Al ver los colores enseguida supe como me tenía que maquillar. Era algo que no me hacía especial ilusión, pero sabía que era algo esencial.
Cuando por fin terminé de vestirme como Charles quería, me miré en uno de los grandes espejos que tenía en el armario.
Era una suerte el no parecer yo, a la vez que sigo siendo yo.
Era como mirar a una total desconocida que parecía totalmente rendida…¿a la moda?.
Me sentía como alguien aficcionada a llamar la atención por no tener otra cosa más que ofrecer que su cuerpo para ser el centro de miradas.
Mirarme a mí misma era como escuchar el mejor chiste. Me miraba y me reía como una loca cada dos por tres.
Me hice unas cuantas fotos intentando parecer seria.
¡Lucía lo va a flipar!
¡Yo lo estoy flipando!
¡La del espejo no soy yo!
Volví al portátil y les envié la foto a Clara y a Lucía.
Practiqué un poco por la habitación andando con esos zapatos.
El momento crítico fue el bolso…
¿Y este bolso con tamaño enano de paquete de tabaco? ¿Debe ser una broma? Muy bonito pero…¡Pero si me cabe el móvil de milagro!
Me colgué el abrigo en un brazo y el bolso con el otro.
Le di el toque a David.
¿Dónde me llevará?
¿A dónde iremos?
Me puse nerviosa y todo.
Oí en la puerta unos cuantos golpes…
-¿Puedo pasar?-dijo él al otro lado.



Continuará...

sábado, 6 de noviembre de 2010

Materialismo vs Culturalismo... ¿El huevo o la gallina?

Muy a mi pesar vais a tener que disculpar mi ausencia durante un tiempo por motivos personales y por falta de tiempo.
Estaré deseando publicar el mejunje de la historia de Carmen, pero escribir ahora mismo requiere un tiempo del que no dispongo.
Hay que ser objetivo y saber elegir prioridades.

Hoy quería plantearos la siguiente cuestión...

El otro día estaba en mitad de un debate del que era imposible aclararse.
Dos posturas diferentes y válidas hicieron que mi cerebro se exprimiera tal cual limón...

MATERIALISMO VS CULTURALISMO.


El culto a la belleza ha sido creado por las empresas para que sea demandado por la sociedad....

o


La sociedad ha creado que las empresas tengan que cubrir esa demanda del culto a la belleza...




¿Qué fue antes... el huevo o la gallina?





Y ya que estoy por estrujarme el cerebro...

¿Qué imagen nos da la publicidad de hacernos mayores?
¿Porqué la publicidad solo nos enseña que las personas mayores: tienen pérdida de orina, tienen problemas auditivos, necesitan calcio para los huesos, no ven bien, se les caen los dientes, les molesta la dentadura, arrugas por todos lados, etc. ?

¡¡Yo conozco personas de 50 con más vitalidad que cualquiera de 25!!!


Ahí os lo dejo...





Feliz día :)

lunes, 1 de noviembre de 2010

71. ¿Cuál es el botón para QUE PARE ESTE SUFRIMIENTO?

Empecé a ser consciente de que estaba en la cama.
Era una extraña sensación... No me quería mover pero me había desvelado.
No quería abrir los ojos.
No estoy segura ni de donde estoy.
Tampoco me preocupa….solo sé que esa cama es superior.
Estaba arropada y calentita.
La almohada era mullida, ni muy alta ni muy baja.
¿Qué había soñado? ¿Algo de un viaje? ¿conocía a alguien?
… Fue fantástico mientras duró…
¡Qué tonterías piensas mientras uno sueña!
Increíble.
Lo peor es cuando piensas que es verdad y te llevas la gran decepción.
Plan: ¡Zas, en toda la boca!




Moví un poco el brazo.
Sin duda esas sábanas eran de seda… No. No estoy en mi casa… ¿Dónde estoy?
No se oía ni un ruido.
Olía a tabaco.
Me sentía bien y descansada.
Estaba dispuesta a levantarme y averiguar donde estoy.
Me di cuenta que me encontraba casi al borde de la cama.Verás como me voy a caer.
¿Qué hago? Dí una vuelta entera al lado contrario.
¿Porqué las sábanas huelen tan bien? ¡Es un olor adictivo!
Que grande la cama… Abrí el ojo derecho. Todo estaba a oscuras. Lo volví a cerrar. No se ve un carajo.
Entonces oí otra respiración. Me asusté.

O_O

Me quedé muy quieta.
Espera… No era un sueño.
Se me encendió una bombillita cuando me acordé de quien era mi acompañante de cama. Ni más ni menos que David Mosley.
¿Lo más raro? Saber que más de una hubiera matado por estar en mi lugar.
Era el chico de moda aquí y en todos lados.
¿Cuál era mi impresión de él?
Era guapo, encantador hiperactivo, simpático, culto, impaciente y rico... Si. Rico.
Es evidente… Por mucho que quiera el dinero nunca pasa desapercibido para nadie.
Su madre ha sido mi “hada madrina“.
Por mucho que quiera no me puedo quedar aquí para siempre.
Este no es mi lugar…creo que me gustan las cosas más sencillitas.
Cada vez que pienso en él… Quiero que se repitan noches como la de ayer.
Quizás eso no depende de mí. Depende más de él que de mí.
Solo oírle respirar…
Un escalofrío.
Pelos de punta.
Me encantaría poder volver a acariciarlo…
Ufff…
Es una sensación extraña. Podría decir que es como haber estado dos días en el desierto y ahora ponerme delante de un río… Todo demasiado bueno para ser verdad. No se si en realidad es un espejismo.
No me tengo que comer más la cabeza. Debo de disfrutar. Quizá incluso no pensar tanto. Gracias a no meditar mucho mira donde estoy… Tan agusto en la cama del hijo de Clara.
Si lo pasé mal con Alberto fue por comerme el tarro tantas veces el daño que me haría estar sin él. Adelantarme a lo que sufriría sin él.
Resulta que ahora tengo ganas de levantarme y me encuentro totalmente desorientada. ¡Mierda!
Tampoco quiero despertarle a él.
¿Misión imposible?
Lentamente me fui incorporando. Me estiré lo mas cuidadamente posible. Quité las sábanas léntamente. Asomé el pie para encontrar el suelo.
Voy a levantarme. Apoyo los dos pies.
Me pongo a buscar como puedo a cuatro patas por el suelo las zapatillas de estar por casa.
No veo una mierda.
Avanzo un poco.
Rodeo el perímetro de la cama a gatas.
¡Por fin encuentro una zapatilla!
Voy a sentarme en el suelo para ponérmela.
¡Ay! Casi me siento en la cámara de fotos.
Encuentro la otra zapatilla.
Me levanto muy despacito. Doy un paso. ¡He pisado algo¡¡Suena algo¡ Miro a todos lados.
¡Mierda, se están abriendo las persianas¡
¡Mierda, he pisado un mando¡
Me agacho enseguida, cojo en mando. Empiezo a oir un quejido de David.
¡Qué cagada!
Miro el mando todo lleno de números…¡las persianas no dejan de subir entrando mucha luz! ¿Qué hago? Le doy al primer número que veo.
Jodeeeeeeeeeeeeeeer…
¡Qué me da algo aquí mismo!
¡Qué le acabo de dar a la música que está mogollón de alta!

¿CUÁL ES EL BOTÓN PARA QUE PARE ESTE SUFRIMIENTO?




:O

sábado, 30 de octubre de 2010

Halloween 2010

¡Si señor! A mí cada vez me da por hacer más "americanadas", pero no os engañéis... solo es una excusa para irme más veces de fiesta.
Si hay que ir de Halloween disfrazada... PUES SE VAAAA!
Ya ves tú que problema :P
¿Y de qué iba?
Pues de Miércoles!! Algunos problemillas que otros con el disfraz pero nada que no tuviera solución.
Nos juntamos los gentleman, 4 brujas, un fantasma y Miércoles para irnos de fiesta.




En los Santos, en Cáceres, hacemos lo conocido por: "las castañas" o "los calbotes".
¡otro día de campo para tener aún más excusas para irnos de fiesta!.
Espero que todos tengáis un feliz puente y que lo disfutéis :)


¡¡¡¡FELIZ HALLOWEEN A TODOS!!!


jueves, 28 de octubre de 2010

70. Secretos inconfesables.

-Depende de la magnitud de tu secreto será la magnitud del mío …
Eso le hizo replantearse el secreto que me iba a contar. Debería de ser algo grande si él quería saber mi gran secreto.
-Esta bien. Me parece justo. ¿Trato hecho?
-Trato hecho.
Los dos nos dimos la mano para sellar el trato.
-Cuéntame, David Mosley, ¿Qué gran secreto guardas al mundo o por lo menos intentas ocultar? -le dije imitando la postura de un periodista muy serio con el ceño fruncido.
A él le hacía gracia esas pequeñas cosas, y me encantaba verlo sonreír.
-Es algo de lo que no me siento orgulloso. Bueno, ahora estoy orgulloso porque lo dejé atrás. No fue fácil conseguirlo…
Podía averiguar en su rostro que no mentía.
Esta vez estaba serio. Parecía un poco tenso.
Su mirada se perdía de la mía.
No era miedo, quizás era ansiedad.
Era un tema que había querido evitar seguramente. No le resultaba fácil hablar de ello por lo que veía.
Quería intentar saber o intuir por donde iban los tiros, pero podían ser tantas cosas…
-Si no quieres contarlo no lo hagas. No tiene que ser hoy cuando me lo digas.
-Es algo que hice y tengo que asumir las consecuencias… Pero… Si, bueno… ¿Te importa si lo dejamos para otro día?
-Perfecto. Dejémoslo para otro día. ¿Tú tienes prisa? Yo no.
No se porqué me besó la frente al decir eso.
Me quedé un poco desconcertada. ¿Era en señal de agradecimiento? ¿Era porque respetaba su intimidad?
Era extraño saber que él no tenía miedo a que yo supiera su secreto, porque tenía intención de contármelo algún día, pero creo que él si teme a lo que yo piense de él después de saberlo.
-Tienes razón. Mejor otro día te lo contaré y tú me contarás el tuyo.
David volvió a sonreír. Volvió a estar tranquilo.

Todas las personas tienen sus cosas y yo no vine aquí para investigar sobre la vida de nadie.

Hubo un pequeño silencio.
Bebíamos del batido y pasábamos de la televisión los dos pensativos.

Lo que estaba fumando comenzaba a hacer efecto…
Vi que David desde que recordó su secreto había estado un poco callado.
No iba a dejar que la cosa se quedara así.
Cogí el bol de palomitas y le reté.
-¿A que no dices Pamplona con tres puñados en la boca?
Me miró incrédulo.
-¡¿Qué no?! Se nota que no me conoces si me estás diciendo que no me atrevo a un reto… Y me ofende siendo un reto de palomitas…
-¡Oh! Claaaaro… Cómo todas tenemos que conocer muchísimo a David Mosley…-le dije exagerando para picarle.
Lo conseguí.
Lo que me reí a partir de ahí no está escrito.
Consiguió que llorara de la risa en varias ocasiones. A él le pasaba más de lo mismo.
Entonces se levantó de la cama y buscó por los cajones.
Sacó una baraja de cartas y comenzó a hacer trucos de magia. Era espectacular con su baraja de cartas doradas.
Empezamos a decir tonterías descomunales y a mezclar muchísimos idiomas.
Él se levantó cuando paramos y apagó todas las luces y la televisión. A continuación encendió el planetario y volvió a la cama.
Otro gran silencio.
Nos quedamos los dos mirando las estrellas del techo.
Él se giró hacia mí y comenzó a acariciarme el pelo.
Me encantaba…
Mirando las estrellas al lado de una estrella…
Qué cosas me pasan…
Como si se tratara de una cadena de favores, le busqué el brazo, lo coloqué y comencé a hacerle cosquillas.
En esos momentos sentía como pequeños calambrazos y cosquillas por el estómago, a la vez que una sensación de modorra.
Todo era perfecto.
Perdí la noción del tiempo.
Dejé de sentir cosquillas por el pelo.
Se había quedado dormido.
Intenté levantarme, pero tenía demasiado sueño y justo él en ese momento me pasó el brazo por encima para abrazarme.
Me acomodé y enseguida quedé dormida en un profundo sueño del que no estoy segura si me quería despertar...





Por si se me había olvidado decirlo... GRACIAS A TODOS!!.

:)

lunes, 25 de octubre de 2010

69. El efecto pigmalión.

Lo último que se me había pasado por la cabeza aquel día sería que tendría que hacerme pasar por novia de Alberto y comer con sus padres…
Pero si era el precio a pagar para que todo volviera a la normalidad y tranquilidad, estaría dispuesta a hacer eso y muchísimo más.
Y para qué negarlo, tampoco me disgustó la idea.
En un primer momento miré a Alberto con cara de : YO A TI TE MATO. Que al recibir una sonrisa suya, acercárse a mí y abrazarse a mi cintura, se convirtió en un: Bueeeeeno… Vaaale me quedo a cenar.
Tampoco era plan de hacerse la dura…
Mientras sus padres que eran muy simpáticos y agradables preparaban la cena, Alberto y yo estábamos en su habitación inventándonos el cómo nos conocimos, el dónde y cuando.
Nos pusimos de acuerdo muy rápido. Tampoco había tiempo para pensar una historia romántica con la que conseguir quedarlos abobados con nuestro amor.
Íbamos a decir que nos conocimos una fiesta que organizaron los de baloncesto hace dos meses.
Mientras cenábamos eso parecía una entrevista. Me preguntaron por mi familia, estudios, gustos, cosas en común con Alberto...
Alberto de vez en cuando me sacaba de un apuro.
Resulta que sus padres y los míos se llevaban muy bien.
Di por hecho que sería por su profesión y el que quisieran saber con quien se juntaba su hijo… Menos mal que no lo sabían bien.
Paco se levantó de la mesa sin venir a cuento y se empezó a reír un montón… ¿Qué pasaba? Mi corazón empezó a latir tanto que creía que me empezaría a poner más blanca que una pared. ¿De qué se reía?
Empezó a buscar algo en el armario del salón.
Alberto se daba cuenta de que me ponía nerviosa, entonces me dio la mano. No por debajo de la mesa sino delante de su madre.
Podría parecer una tontería, pero para mí no lo era. Esos nervios se transformaron en mariposas en el estómago.
Sentir esa complicidad con alguien era algo indescriptible.
Un comentario de su madre haciendo referencia a lo enamorados que parecíamos me quedó un poco cortada. Consiguió sonrojarme, pero me di cuenta que a ninguno de los dos nos había disgustado el comentario.
Su padre entonces sacó un álbum de fotos y apareció una foto de una boda… Una foto de Alberto y mía jugando cuando teníamos diez años. Y otra de él y mía enfadados.
Eran muy graciosas y ni él ni yo nos acordábamos.
Acabó la cena y todo quedó muy creíble. Alberto apenas me soltó la mano mientras cenábamos.
Hasta que un comentario me rompió.
Su madre me dijo que el corte de pelo y el habérmelo teñido me quedaba muy bien.
Alberto miró a otro lado.
Yo le dije que muchas gracias, pero la cosa no quedó ahí.
Dijo que le había parecido vernos algún día juntos, que había visto a Alberto no hace más de un mes con una chica. La chica debería ser yo.
Algo empezó a molestarme… ¿pero si él y yo no estábamos juntos de qué me debería de molestar?
¿Debería de seguir con mis castillos en el aire?
¿El efecto Pigmalión había invadido mi mente?
¿Ya me había creído que era mío desde el momento en que nos hicimos pasar por novios?

Sus padres me repitieron varias veces que estarían encantados de recibirme en su casa en cualquier momento.
Alberto, como un buen novio, les dijo a sus padres que me acompañarían a casa.
Recogí mi bolso de su bolsa de entrenamiento y nos fuimos.
Quería decirle algo de la otra chica, pero no veía el motivo aparente de que eso me incumbiera, o que hubiera un motivo para qué me lo debiera decir.
Sin que yo le dijera nada él sacó el tema. Estábamos en su portal todavía.
Empezó a decirme que suponía que era una chica con la que solo se lió un día. Me pareció tan adorable que me las diera las explicaciones sin yo tenerlas que pedir que le agarré del brazo para que se agachara un poco y le besé…

***
-Carmen, ¿Sigues aquí? Que no me contestas…-dijo David.
Agité la cabeza.
Mierda.
Me había quedado muy empanada recordando.
¿Qué tenía David que cuanto más lo miraba más me gustaba?
-Si, sigo aquí. Me estaba riendo porque… todos tenemos secretos.
-¿Tienes muchos secretos?-Dijo él acercándose un poco a mí mientras fumaba.
Me apartó el pelo de la cara y me acarició la mejilla.
-Ufff… No lo sabes tú bien.-Le dije mientras le quitaba el porro de la boca para fumar yo.
-¿Me contarás algún día algún secreto tuyo? -dijo él muy cerca de mí.
En aquella cama me hacía cada vez falta más aire y un poco más de frío… Carmen… Céntrate… Piensa un poco…
-Cuando tú me cuentes algún secreto tuyo… -le dije yo sin perder su mirada de vista.
-Aquí la única que tienes misterio eres tú. Si te metes en internet podrás saber casi todo de mí. No me dejan vivir en paz. Sin embargo tú… ¿Qué he hecho para que me traigan a casa una chica que parece un ángel?
- ¿Qué he hecho yo para estar en la cama con un ñoño cursi como tú? ¿Qué te creías que ibas a conseguir diciéndome eso?
Hizo un amago de decirme algo, pero se calló.
-Venga, te cuento un secreto que no sabe casi nadie si tú me cuentas otro. -dijo él.
Me iba a costar mucho decirle un no…



Continuará...

martes, 19 de octubre de 2010

68. Aprender a saber cuando llega el punto y final.

Allí estaba yo en la casa por aún esos momentos de una persona totalmente desconocida y con un total desconocido que me había visto en una fiesta. Por lo menos era lo único que yo sabía.
Su casa era grande y acogedora.
Me invitó a pasar a su habitación.
La habitación de Alberto tenía en ese momento muchas cosas de baloncesto y trofeos de su equipo de baloncesto.
Así a primera vista parecía el hijo perfecto. ¿Quién sospecharía de él? También estudiaba.

Es aquí cuando aprendí que todo el mundo tiene una careta para cada ocasión.
Son caretas a plena luz… Es el ser hipócrita permitido.
Hago a la luz lo que toda persona admira de mí y cuando nadie me ve me puedo esconder y hacer lo que me de la gana.
Nadie es perfecto porque la perfección solo es algo utópico.
Pero no todas las caretas son malas, solo hay que encontrarles el por qué se usan.
Inseguridad, miedo, necesidad de ser aceptado por los demás, observación…

Dejé mi bolso encima de su cama y me senté.
Estaba un poco preocupada e intentaba disimularlo.
El bolso olía mucho porque hacía calor. Me tranquilicé a mi misma pensando que si él me había invitado sería porque no había peligro.
Yo observaba a Alberto. Me encantaba lo tranquilo que era y su fácil conversación. Me hacía sentir como si nos hubiéramos conocido hace muchísimo tiempo y no hubiéramos coincidido por casualidades de la vida.
Fue raro…
Todo de él me parecía tan admirable y tan maravilloso por aquel entonces…
Nunca me había pasado antes.
Creo que si me hubiera dicho que de pequeño le cabía una canica por la nariz, también me hubiera parecido un hecho heróico.
Era como si algo no me permitiera pensar y la sonrisa de tonta formara parte de mí.
Me llevó al despacho de sus padres.
Yo no entendía nada, solo quería seguirle.
Allí tenían un ordenador. Todo estaba lleno de papeles y de muchos libros.
Entonces empecé a ponerme mala cuando vi una foto de dos personas vestidas de policía… Más y más fotos de policías.
Miré los libros llenos de leyes, miré los archivos del escritorio y ya la acción se remató cuando Alberto encendió el ordenador y me enseñó la foto de Lucía.
Él se metía a escondidas en los archivos de sus padres y le vendía a Benji la información.
Me explicó tres o cuatro cosas de cómo había conseguido la información para que no me pillaran. Me dijo muchísimas cosas que sabía de mí. Me dijo algo de que no pasaba nada y que solucionaríamos eso.
Empecé a marearme solo de imaginar lo que se me venía encima…
Si él que era un desconocido sabía todo eso de mí… ¿qué sabría la policía?
Me asusté.
Le estaba viendo no solo las orejas al lobo, sino que le estaba viendo corriendo hacia mí con la boca abierta y dispuesto a atacar…
Se me nubló la vista, empecé a ver puntitos, empecé a oír un pitido hasta que dejé de oír la voz de Alberto, sentir un sudor frío…
Intenté mantener el equilibrio apoyan y me desmayé.
Solo pensaba en lo que había estado haciendo este tiempo.
No estaba bien.
No solo me ponía en peligro a mí. Ponía en peligro a los que más quería.
La avaricia me había podido.
Me había nublado lo que era realmente lo importante.
El dinero no lo era todo, por delante de él estaba mi seguridad. El poder estar con los que quiero y cuando quiero. Eso no tenía precio.
Que lo material no podría suplir mi necesidad de vivir tranquila y en paz.
No me había dado cuenta de que me había pasado todo ese tiempo engañando a mi familia y a mí misma pensando que así era feliz.
Podía incluso haberme arriesgado a que le quitaran mi custodia a mis padres.
Tampoco me había dedicado tiempo a mí.
Me había emborrachado y fumado muchas veces, me había acostado con chicos que no volví a ver, me había escapado de casa, había estado alerta y a la defensiva todo el día, preparando cuartadas constantemente, traficando hasta tarde, arriesgándome…
Que en la vida había cosas que debería aprender poco a poco con el tiempo y no querer adelantarme a mi tiempo.
Había que saber cuando había llegado el momento del punto y final.
Tenía que poner el punto y final.
Lo siguiente fue despertar en el suelo. Me llevó a su cama en brazos.
Él estaba preocupado, pero Alberto me sonreía para despreocuparme. Me decía todo el rato que todo estaba bien y que hasta que no estuviera bien no me iba a ir para mi casa.
Llamé a mi casa para decirles que ese día no iría a comer y que me quedaba con mis amigas de clase.
Mentir era un bucle…
Él pidió la comida del chino y hablamos horas y horas.
Se hizo de noche.
Me enseñó como se deshacía de todo lo vinculante a mí y a Lucía haciendo muchas cosas.
Yo le miraba todo el rato y él me miraba a mí.
Tan rápido se nos pasó el día que no fuimos conscientes que sus padres tendrían que llegar de un momento a otro.
Sonó la cerradura y estábamos en el despacho aún.
Yo creía que me volvería a desmayar, sin embargo Alberto me agarró enseguida del brazo para que saliéramos de allí corriendo. Teníamos muy poco tiempo para escapar y apagar el ordenador… Y lo que menos me importó fue que se preguntaran que hacía yo en su casa allí a esas horas.
Mi corazón casi se salía del pecho.
Entramos en la habitación de Alberto y al entrar nos miramos los dos alarmados pensando que íbamos a decir.
No me dio tiempo a pensar. Su habitación por culpa de mi bolso olía a marihuana… ¡Qué caos! ¡Qué estrés! ¡Me volvería a desmayar!
Abrimos las ventanas. Echamos colonia y escondí el bolso dentro de su mochila de los entrenamientos.
Los padres se acercaban a la habitación.
Abrió la puerta llamándole y se quedó su madre casi con la misma cara que yo de desconcierto.
No sabía ni que hacer ni qué decir.
Entonces Alberto, tan tranquilo como siempre, dijo algo que me marcaría para siempre.
-Mamá, te presento a Carmen… Mi novia. ¿A que es muy guapa?-dijo Alberto guiñándome un ojo con disimulo.
-¡Es guapísima Alberto! Carmen te llamas, ¿no? Yo Maribel.-dijo mientras se acercaba a darme dos besos.- ¿Te quedas a cenar con nosotros?… ¡Paco, mira quién ha venido a conocernos!

CÓOOOOMORL??!!
(ò_Ó)

viernes, 15 de octubre de 2010

¿Ves cómo lo sabía yo...?


TENGO LO QUE TÚ QUIERES...


miércoles, 13 de octubre de 2010

Como encuentre a ese hijo de ...

El imsomnio me persigue,
pero que alguien me explique que clase de hijo de puta o de enfermo llega a mi blog con semejantes palabras:

Follar niño porno.

Madre que folla con su hijo.

Esto son cosas que si quitan el sueño...
Asco...

MUCHO ASCO...

Esto empieza a no hacerme ni puta gracia.
No intentaré ni sacarle explicación.

Os lo digo enserio.
Hay un límite para todo.
...

martes, 12 de octubre de 2010

67. Me encanta que los planes salgan bien, pero no es el caso.

Cuando se trata de negocios puedes tener amigos pero siempre tienes que desconfiar.
Yo tenía que darle ese dinero a Guti. Si el dinero no estaba a su hora las culpas me las llevaba yo y se acabaría el chollo de dinero fácil.
Quique y Manuel eran dos gitanos que no habían terminado el colegio.
No sabían escribir bien y tampoco hablar muy bien, pero vender vendían como nadie.
Ellos sabían todas esas cosas para ganar dinero que no tuviera nada que ver con lo que estudiaras en el colegio.
Mientras todo el mundo pensaba que ellos solo vendían sandías, en su furgoneta había de todo… ¿Era el paraíso de las falsificaciones! Tenían bolsos, relojes, gafas, deportivas…
Se sintieron identificados con nosotras al tener que permanecer siempre en la sombra sin poder llamar la atención.
Siempre con todos los sentidos puestos en huir y conservar una reputación limpia ante ojos ajenos.

Al principio se reían creyendo que era broma eso de que les queríamos con nosotras por motivos de seguridad y para conseguir nuestro dinero. Como siempre, fue sacarles el dinero y callarse la boca.
Ellos hicieron su trabajo consiguiendo nuestro dinero en menos de tres días.
Nadie quería problema con los gitanos.
Aún así nuestra relación no se limitó a tener que quedar con ellos por “trabajo“.
Ellos nos invitaban a fiestas alrededor de hogueras con mucha gente cantando flamenco.
Me encantaba ver aquel respeto a las personas mayores. Otras cosas no me gustaban, pero no me iba a meter dónde no me llaman...
A nosotras todos nos trataban bien, porque gracias a nosotras entraba más dinero en sus casas.
Nos llevábamos bien.
Ellos aceptaron a vender también nuestra marihuana.
Alguna vez me la intentaron colar, pero yo ya había aprendido bastante en unos meses como para hacerme la tonta.
Formaban parte de mi equipo.
Éramos: Lucía, Benja, Guti, Quique y Manuel.
Lo que yo no sabía es que había uno más en el equipo.
Uno que desde la sombra me había estado salvando el culo todos los días. A mí y a todos.
Quería pasar desapercibido y no lo consiguió, por lo menos para mí.
Acabó formando parte de mi vida. Alberto.
Recuerdo haberme levantado un sábado tras una fiesta el viernes. No había tenido noticias de Benja desde hacía dos días. Era algo muy raro pero supuse que le habrían contratado otra vez fuera del país… ¿Quién me pasaría información esta vez?
Los sábados por la mañana todo el mundo querría pillar para tener algo el sábado noche.


Al mirar el móvil un mensaje:
T speran a las 12 n Base. Busk a Alberto. No falts. Fíate d el. Tq niña preciosa.



Eran las 11:15 y yo aún estaba en la cama. Tardé en reaccionar. No tenía ni idea de qué podía ser, quién era o que podría querer.
¿Alberto? Yo solo conocía a uno y estaba medio loco.
¿Quién sería?
¿Me llevaba la hierba o no me la llevaba? Me la llevé.
¿A las doce?
¿Y me escribe Benji estando en el extranjero?
Esto no pintaba bien, pero no podía ser pesimista.
Hice todo corriendo y llegué cinco minutos tarde a la cita.
Me desesperé… ¿a quién busco? No había nadie esperando.
Dos toques a mi espalda y cuando me di la vuelta, ese era él.
Alto, fuerte, gran sonrisa, ojos negros, moreno, pelo negro…
Me dijo que él era Alberto y que lamentaba hacerme esperar. Le tenía que acompañar a su casa. Así sin más. Sin conocernos. Sin saber nada de él ya teníamos que ir a su casa.
Mejor dicho: sin conocerle yo a él.
Vivía cerca y por el camino hablamos de la fiesta de anoche. Él me dijo que me vio y que le había dado vergüenza presentarse. También me dijo que yo era la más guapa de la fiesta. Consiguió sonrojarme. Consiguió mantener en mi cara una sonrisa de agilipollamiento.
¿Cómo no le había visto yo a él?

Había una tensión rara en el camino…
No me contó lo que pasaba en verdad hasta que llegamos a su casa.
Algo no había salido bien en nuestro juego de traficantes.
Alguien había dado un chivatazo.
Alguien había sacado una foto de Lucía vendiendo… No se le veía mucho la cara, pero llevaba su gorrito y se veía claramente su tabla de patinar rosa.
No había muchas chicas así en Cáceres. Era fácil de reconocer a Lucía si la veían otra vez.
¿Qué pintaba Alberto en todo esto? ¿De dónde había salido este?
Los padres de Alberto, madre y padre, trabajaban en la comisaría de policía. Para ser más exactos el padre de Alberto es el manda más. Su madre se encargaba de la sección de estupefacientes.
Yo como no tenía ni idea, no tuve otra cosa, que ir a su casa con el bolso lleno de marihuana pensando que él me compraría algo…



Continuará.