TENGO LO QUE TÚ QUIERES...
Gracias por leerlo :D
¡Empiecen desde la 1ª Entrada si queréis leer la historia de Carmen! No empiecen la casa por el tejado.
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viernes, 15 de octubre de 2010
miércoles, 13 de octubre de 2010
Como encuentre a ese hijo de ...
El imsomnio me persigue,
pero que alguien me explique que clase de hijo de puta o de enfermo llega a mi blog con semejantes palabras:
Follar niño porno.
Madre que folla con su hijo.
Esto son cosas que si quitan el sueño...
Asco...
MUCHO ASCO...
Esto empieza a no hacerme ni puta gracia.
No intentaré ni sacarle explicación.
Os lo digo enserio.
Hay un límite para todo.
...
pero que alguien me explique que clase de hijo de puta o de enfermo llega a mi blog con semejantes palabras:
Follar niño porno.
Madre que folla con su hijo.
Esto son cosas que si quitan el sueño...
Asco...
MUCHO ASCO...
Esto empieza a no hacerme ni puta gracia.
No intentaré ni sacarle explicación.
Os lo digo enserio.
Hay un límite para todo.
...
martes, 12 de octubre de 2010
67. Me encanta que los planes salgan bien, pero no es el caso.
Cuando se trata de negocios puedes tener amigos pero siempre tienes que desconfiar.
Yo tenía que darle ese dinero a Guti. Si el dinero no estaba a su hora las culpas me las llevaba yo y se acabaría el chollo de dinero fácil.
Quique y Manuel eran dos gitanos que no habían terminado el colegio.
No sabían escribir bien y tampoco hablar muy bien, pero vender vendían como nadie.
Ellos sabían todas esas cosas para ganar dinero que no tuviera nada que ver con lo que estudiaras en el colegio.
Mientras todo el mundo pensaba que ellos solo vendían sandías, en su furgoneta había de todo… ¿Era el paraíso de las falsificaciones! Tenían bolsos, relojes, gafas, deportivas…
Se sintieron identificados con nosotras al tener que permanecer siempre en la sombra sin poder llamar la atención.
Siempre con todos los sentidos puestos en huir y conservar una reputación limpia ante ojos ajenos.
Al principio se reían creyendo que era broma eso de que les queríamos con nosotras por motivos de seguridad y para conseguir nuestro dinero. Como siempre, fue sacarles el dinero y callarse la boca.
Ellos hicieron su trabajo consiguiendo nuestro dinero en menos de tres días.
Nadie quería problema con los gitanos.
Aún así nuestra relación no se limitó a tener que quedar con ellos por “trabajo“.
Ellos nos invitaban a fiestas alrededor de hogueras con mucha gente cantando flamenco.
Me encantaba ver aquel respeto a las personas mayores. Otras cosas no me gustaban, pero no me iba a meter dónde no me llaman...
A nosotras todos nos trataban bien, porque gracias a nosotras entraba más dinero en sus casas.
Nos llevábamos bien.
Ellos aceptaron a vender también nuestra marihuana.
Alguna vez me la intentaron colar, pero yo ya había aprendido bastante en unos meses como para hacerme la tonta.
Formaban parte de mi equipo.
Éramos: Lucía, Benja, Guti, Quique y Manuel.
Lo que yo no sabía es que había uno más en el equipo.
Uno que desde la sombra me había estado salvando el culo todos los días. A mí y a todos.
Quería pasar desapercibido y no lo consiguió, por lo menos para mí.
Acabó formando parte de mi vida. Alberto.
Recuerdo haberme levantado un sábado tras una fiesta el viernes. No había tenido noticias de Benja desde hacía dos días. Era algo muy raro pero supuse que le habrían contratado otra vez fuera del país… ¿Quién me pasaría información esta vez?
Los sábados por la mañana todo el mundo querría pillar para tener algo el sábado noche.
Al mirar el móvil un mensaje:
T speran a las 12 n Base. Busk a Alberto. No falts. Fíate d el. Tq niña preciosa.
Eran las 11:15 y yo aún estaba en la cama. Tardé en reaccionar. No tenía ni idea de qué podía ser, quién era o que podría querer.
¿Alberto? Yo solo conocía a uno y estaba medio loco.
¿Quién sería?
¿Me llevaba la hierba o no me la llevaba? Me la llevé.
¿A las doce?
¿Y me escribe Benji estando en el extranjero?
Esto no pintaba bien, pero no podía ser pesimista.
Hice todo corriendo y llegué cinco minutos tarde a la cita.
Me desesperé… ¿a quién busco? No había nadie esperando.
Dos toques a mi espalda y cuando me di la vuelta, ese era él.
Alto, fuerte, gran sonrisa, ojos negros, moreno, pelo negro…
Me dijo que él era Alberto y que lamentaba hacerme esperar. Le tenía que acompañar a su casa. Así sin más. Sin conocernos. Sin saber nada de él ya teníamos que ir a su casa.
Mejor dicho: sin conocerle yo a él.
Vivía cerca y por el camino hablamos de la fiesta de anoche. Él me dijo que me vio y que le había dado vergüenza presentarse. También me dijo que yo era la más guapa de la fiesta. Consiguió sonrojarme. Consiguió mantener en mi cara una sonrisa de agilipollamiento.
¿Cómo no le había visto yo a él?
Había una tensión rara en el camino…
No me contó lo que pasaba en verdad hasta que llegamos a su casa.
Algo no había salido bien en nuestro juego de traficantes.
Alguien había dado un chivatazo.
Alguien había sacado una foto de Lucía vendiendo… No se le veía mucho la cara, pero llevaba su gorrito y se veía claramente su tabla de patinar rosa.
No había muchas chicas así en Cáceres. Era fácil de reconocer a Lucía si la veían otra vez.
¿Qué pintaba Alberto en todo esto? ¿De dónde había salido este?
Los padres de Alberto, madre y padre, trabajaban en la comisaría de policía. Para ser más exactos el padre de Alberto es el manda más. Su madre se encargaba de la sección de estupefacientes.
Yo como no tenía ni idea, no tuve otra cosa, que ir a su casa con el bolso lleno de marihuana pensando que él me compraría algo…
Continuará.
Yo tenía que darle ese dinero a Guti. Si el dinero no estaba a su hora las culpas me las llevaba yo y se acabaría el chollo de dinero fácil.
Quique y Manuel eran dos gitanos que no habían terminado el colegio.
No sabían escribir bien y tampoco hablar muy bien, pero vender vendían como nadie.
Ellos sabían todas esas cosas para ganar dinero que no tuviera nada que ver con lo que estudiaras en el colegio.
Mientras todo el mundo pensaba que ellos solo vendían sandías, en su furgoneta había de todo… ¿Era el paraíso de las falsificaciones! Tenían bolsos, relojes, gafas, deportivas…
Se sintieron identificados con nosotras al tener que permanecer siempre en la sombra sin poder llamar la atención.
Siempre con todos los sentidos puestos en huir y conservar una reputación limpia ante ojos ajenos.
Al principio se reían creyendo que era broma eso de que les queríamos con nosotras por motivos de seguridad y para conseguir nuestro dinero. Como siempre, fue sacarles el dinero y callarse la boca.
Ellos hicieron su trabajo consiguiendo nuestro dinero en menos de tres días.
Nadie quería problema con los gitanos.
Aún así nuestra relación no se limitó a tener que quedar con ellos por “trabajo“.
Ellos nos invitaban a fiestas alrededor de hogueras con mucha gente cantando flamenco.
Me encantaba ver aquel respeto a las personas mayores. Otras cosas no me gustaban, pero no me iba a meter dónde no me llaman...
A nosotras todos nos trataban bien, porque gracias a nosotras entraba más dinero en sus casas.
Nos llevábamos bien.
Ellos aceptaron a vender también nuestra marihuana.
Alguna vez me la intentaron colar, pero yo ya había aprendido bastante en unos meses como para hacerme la tonta.
Formaban parte de mi equipo.
Éramos: Lucía, Benja, Guti, Quique y Manuel.
Lo que yo no sabía es que había uno más en el equipo.
Uno que desde la sombra me había estado salvando el culo todos los días. A mí y a todos.
Quería pasar desapercibido y no lo consiguió, por lo menos para mí.
Acabó formando parte de mi vida. Alberto.
Recuerdo haberme levantado un sábado tras una fiesta el viernes. No había tenido noticias de Benja desde hacía dos días. Era algo muy raro pero supuse que le habrían contratado otra vez fuera del país… ¿Quién me pasaría información esta vez?
Los sábados por la mañana todo el mundo querría pillar para tener algo el sábado noche.
Al mirar el móvil un mensaje:
T speran a las 12 n Base. Busk a Alberto. No falts. Fíate d el. Tq niña preciosa.
Eran las 11:15 y yo aún estaba en la cama. Tardé en reaccionar. No tenía ni idea de qué podía ser, quién era o que podría querer.
¿Alberto? Yo solo conocía a uno y estaba medio loco.
¿Quién sería?
¿Me llevaba la hierba o no me la llevaba? Me la llevé.
¿A las doce?
¿Y me escribe Benji estando en el extranjero?
Esto no pintaba bien, pero no podía ser pesimista.
Hice todo corriendo y llegué cinco minutos tarde a la cita.
Me desesperé… ¿a quién busco? No había nadie esperando.
Dos toques a mi espalda y cuando me di la vuelta, ese era él.
Alto, fuerte, gran sonrisa, ojos negros, moreno, pelo negro…
Me dijo que él era Alberto y que lamentaba hacerme esperar. Le tenía que acompañar a su casa. Así sin más. Sin conocernos. Sin saber nada de él ya teníamos que ir a su casa.
Mejor dicho: sin conocerle yo a él.
Vivía cerca y por el camino hablamos de la fiesta de anoche. Él me dijo que me vio y que le había dado vergüenza presentarse. También me dijo que yo era la más guapa de la fiesta. Consiguió sonrojarme. Consiguió mantener en mi cara una sonrisa de agilipollamiento.
¿Cómo no le había visto yo a él?
Había una tensión rara en el camino…
No me contó lo que pasaba en verdad hasta que llegamos a su casa.
Algo no había salido bien en nuestro juego de traficantes.
Alguien había dado un chivatazo.
Alguien había sacado una foto de Lucía vendiendo… No se le veía mucho la cara, pero llevaba su gorrito y se veía claramente su tabla de patinar rosa.
No había muchas chicas así en Cáceres. Era fácil de reconocer a Lucía si la veían otra vez.
¿Qué pintaba Alberto en todo esto? ¿De dónde había salido este?
Los padres de Alberto, madre y padre, trabajaban en la comisaría de policía. Para ser más exactos el padre de Alberto es el manda más. Su madre se encargaba de la sección de estupefacientes.
Yo como no tenía ni idea, no tuve otra cosa, que ir a su casa con el bolso lleno de marihuana pensando que él me compraría algo…
Continuará.
sábado, 9 de octubre de 2010
¿Me buscas?... Y de qué manera... xD
Supongo que más de una persona de las que pase por aquí ya sabrá lo que es Google Analytics.
Por si hay alguién que no lo sepa, diré que es uno de los servicios que ofrece Google. Te permite saber más información sobre tu blog.
Por ejemplo: cuantas personas te visitan, de dónde, la media de tiempo que pasan en el blog, etc.
Pero sin duda una de las cosas más curiosas (a mi parecer) y la razón de tenerlo, es saber que palabras claves utilizaron hasta llegar hasta tu blog.
Quería enseñároslo porque pienso que la gente cada vez es más enferma...
Yo encantada, porque así me río mucho más. La gente normal es un coñazo.
¿Sabéis cual es la palabra favorita de todos este mes?
PORNOCHACHA.
Una de las maneras de llegar a mi blog es tan simple como escribir cosas así:
1. Porno radical.
(Qué gran decepción se debería de llevar...)
2. Algo de como soy.
(Esto ya si que no lo entiendo. Si no lo sabes tú...)
3. Barcelona pornochacha.
( 4 personas bucaban una pornochacha en Barcelona este mes. Si conocéis a alguna decirle que no sea tímida a la hora de poner un anuncio, encontrará trabajo rápido.)
4. Chachas que les gustan follar con sus dueños gratis.
(O_O) (Este quiere un milagro... Es que si folla cobrando ya sería chacha y prostituta... Quizás buscaba una peli porno. )
5. Como poder mirar por internet poniendo tu foto de cara y dijen que corte de pelo te queda bien.
(Ha sido un buen intento. Un intento de escribir bien y otro buen intento porque lo que ella está pidiendo solo lo hacen en las mejores peluquerías a través de un programa... Si lo encontró, bien por él o ella.)
6. Debajo de la minifalda.
(Eso se mira debajo de una minifalda... No en internet.)
7. Pornochacha en Sevilla gratis.
(¿Enserio crees que algo en esta vida es gratis?)
8. Fotos de cambio radical.
(¡Anda!¡Algo coherente!)
9. Tablas de skate radical.
(Esto me guussssta...)
10. Mikel alonso es muy guapo.
(¿Qué pretendería encontrar con esto? ¿Una foto? ¿Alguién más que te apoyara en gustos? Me ha hecho buscarle a mí también. No está mal. )
Conclusiones...
¿Queríais pornochacha?
¡Pues yo os pongo una foto de una pornochaha!

Te has quedado tal que así...

Buenos días y ¡Feliz puente!
Por si hay alguién que no lo sepa, diré que es uno de los servicios que ofrece Google. Te permite saber más información sobre tu blog.
Por ejemplo: cuantas personas te visitan, de dónde, la media de tiempo que pasan en el blog, etc.
Pero sin duda una de las cosas más curiosas (a mi parecer) y la razón de tenerlo, es saber que palabras claves utilizaron hasta llegar hasta tu blog.
Quería enseñároslo porque pienso que la gente cada vez es más enferma...
Yo encantada, porque así me río mucho más. La gente normal es un coñazo.
¿Sabéis cual es la palabra favorita de todos este mes?
PORNOCHACHA.
Una de las maneras de llegar a mi blog es tan simple como escribir cosas así:
1. Porno radical.
(Qué gran decepción se debería de llevar...)
2. Algo de como soy.
(Esto ya si que no lo entiendo. Si no lo sabes tú...)
3. Barcelona pornochacha.
( 4 personas bucaban una pornochacha en Barcelona este mes. Si conocéis a alguna decirle que no sea tímida a la hora de poner un anuncio, encontrará trabajo rápido.)
4. Chachas que les gustan follar con sus dueños gratis.
(O_O) (Este quiere un milagro... Es que si folla cobrando ya sería chacha y prostituta... Quizás buscaba una peli porno. )
5. Como poder mirar por internet poniendo tu foto de cara y dijen que corte de pelo te queda bien.
(Ha sido un buen intento. Un intento de escribir bien y otro buen intento porque lo que ella está pidiendo solo lo hacen en las mejores peluquerías a través de un programa... Si lo encontró, bien por él o ella.)
6. Debajo de la minifalda.
(Eso se mira debajo de una minifalda... No en internet.)
7. Pornochacha en Sevilla gratis.
(¿Enserio crees que algo en esta vida es gratis?)
8. Fotos de cambio radical.
(¡Anda!¡Algo coherente!)
9. Tablas de skate radical.
(Esto me guussssta...)
10. Mikel alonso es muy guapo.
(¿Qué pretendería encontrar con esto? ¿Una foto? ¿Alguién más que te apoyara en gustos? Me ha hecho buscarle a mí también. No está mal. )
Conclusiones...
¿Queríais pornochacha?
¡Pues yo os pongo una foto de una pornochaha!

Te has quedado tal que así...

Buenos días y ¡Feliz puente!
jueves, 7 de octubre de 2010
66. La noche del condón roto.
Pues todo duró hasta que al día siguiente Benji se enteró que yo era menor de edad.
Ni él ni yo nunca nos arrepentiremos de aquella noche.
Fue preciosa.
Muy loca y muy larga…
Yo aún no sabía nada de él, ni su nombre. Me lo dijo, pero se me olvidaba.
No se que hubiera sido de mí si no le hubiera conocido.
Fue una suerte que él me quisiera y me tuviera tanto cariño.
Él fue quien me consiguió los carnets falsos con los que me iba de viajes y a fiestas.
También me consiguió mucha información... No era información cualquiera. Esa información era conseguir ir siempre un paso por delante de los que me andarían buscando.
Consiguió muchos informes policiales para saber a quién no le tenía que vender, fotos de los policías, matrículas de coches de la policía secreta, horarios y zonas de vigilancia, los códigos para que no me pincharan los móviles, etc.
Incluso un día borró unos videos de seguridad del centro comercial.
Nunca sospecharían de mí ni de Lucía.
Por cosas como esta Lucía ahora es policía. Ahora se sabe todo para los que son cómo éramos nosotras.
Aprendí muchas cosas de Benji.
Benji creyó que yo era más mayor. Eso a él le parecía un problema.
Él estaba convencido de que él solo me traería problemas por las cosas que él hacía.
Nunca me contó muchas cosas de él porque yo era su "niña preciosa", a la que no quería meter en líos.
Cuanto menos supiera de su trabajo con los ordenadores, mejor.
En todos estos años que nos conocemos no le he visto siempre que he querido.
Él desaparecía algunos meses para trabajar en el extranjero.
Un día en las Vegas, otro en París, otros en Washington, Tokio…
Aún le siguen contratando para hacer trabajos “sucios“.
Estuvo a punto de entrar varias veces en la cárcel. Por suerte tiene un abogado que sería capaz de protegerlo hasta del diablo.
Siempre me llama niña preciosa.
Siempre me consigue hacer reír.
No me arrepiento de aquella noche.
Alberto desde el primer momento que me conoció sabía lo que había pasado entre Benji y yo.
En el taxi él me pasaba el brazo por encima del hombro. Me acariciaba el pelo y me susurraba cosas bonitas en francés… Se me caía la baba con él.
Y pensar que había empezado a pensar primero en Guti…
Por suerte hice caso al dicho: Donde tengas la olla, no metas la polla.
De camino al taxi yo había robado una botella entre todo aquel barullo de gente.
Cuando llegamos al hotel, que era pequeñito y acogedor, nos pusimos a beber.
Él puso música y comenzamos a bailar.
Yo me quitaba la ropa al ritmo de la música y lo tumbaba en la cama…
Me parecía tan dulce… Y lo era.
No recuerdo con detalles que pasó, solo se que fueron unas cinco horas excepcionales.
Recuerdo cómo al día siguiente me despertó el móvil.
Lucía lloraba al otro lado del teléfono.
A ella se le había roto el condón esa noche y tuvieron que buscar a una chica mayor de edad para que le consiguiera la pastilla del día después.
Ella estaba cansadísima y no había dormido nada...
Mi pobre...
Hay muchas cosas que tus padres no te enseñan porque son cosas tabú, y en ocasiones así nadie te ha dicho muy bien qué hacer.
Él día que se rompe el condón te vuelves loca de los nervios.
A veces hay que aprender a la fuerza...
Si pedía la pastilla ella en el hospital, llamarían a su casa y nos pillarían.
Por suerte la prima de el chico con el que estaba cedió a ir al hospital.
Se lo conté a Benji y fue cuando se enteró que no éramos mayores de edad.
Éramos dos niñas de dieciséis años jugando a ser mayores.
Por suerte él me ayudó.
De cierto modo él me lo debía.
Cuando Lucía ya descansó y todo se quedó en un susto, quedé con Guti.
Lucía y Benji me acompañaban.
Nos tomamos algo en "la Traviata" mientras él me contaba instrucciones y nos conocíamos mejor.

Guti era un show.
Este pijo siempre estaba en la parra. Su móvil no paraba de sonar.
Al cabo del tiempo mi móvil fue igual o peor...
Me debía de pasar por su casa cada vez que quisiera más marihuana o hachís. Dependiendo de los clientes se les pasaría más cantidad o menos.
Solo venderíamos a partir de cincuenta.
Habría semanas que tendría algunas variedades y otras no... Pero siempre tenía las variedades que más THC tenía.
Teníamos que subir los precios dependiendo de la demanda y la oferta.
Los tantos por ciento que yo me llevaría, que incluía la parte de Lucía, quedaron claros desde un principio.
Era todo un negocio y no se me daba nada mal.
No era un sueldo fijo todas las semanas, pero era muchísimo dinero.
Me compró muchísima gente, de muchísimas edades, de muchísimos sitios, de diferentes estatus sociales… ¡Era una locura!
Iba por la calle y todo el mundo me conocía.
Recuerdo un día como iba con mi madre y me preguntó que por qué conocía a tanta gente. Yo le decía que yo era el alma de la fiesta… Y tanto.
Hice con eso muchísimos amigos.
Todos me conocían por el nombre de "preciosa".
Eso fue culpa de Benji.
Pocos sabían mi verdadero nombre. Tampoco sabían el de Lucía. A ella la conocían por "la serrana".
Todos se preguntarían si mis padres pasaban de mí, pero nada de eso.
Yo mantenía todo en orden y hacía todo lo posible para no levantar sospecha. No se enteró ni mi hermana.
Yo aunque fumara casi todos los días (porque todos me invitaban), iba a la biblioteca y me preocupaba por sacar notables.
¿Qué hacía con ese dinero en mi tiempo libre? Conciertos, fiestas, viajes, ropa, tablas de skate...
En Cáceres no puedes hacer nada con dieciséis años, pero teniendo dinero y un carnet falso en sitios que nadie te conoce… Lucía y yo no nos íbamos a quedar aquí viendo la vida pasar.
Me la traía al pairo lo que hicieran las de mi edad.
Gracias a experiencias como estas aprendí a diferenciar los que me querían por puro interés y a los que me decían que me querían de verdad.
No todo era maravilloso y había gente que nos quería joder.
Por cuestiones de pifias y de seguridad contratamos un día en el mercao Franco a los gitanos: “er Quique y er Manué“.
(Este es el mercado Franco de los miércoles)
Sabíamos que ellos impondrían mucho más que dos cachas de gimnasio.
Continuará...
Ni él ni yo nunca nos arrepentiremos de aquella noche.
Fue preciosa.
Muy loca y muy larga…
Yo aún no sabía nada de él, ni su nombre. Me lo dijo, pero se me olvidaba.
No se que hubiera sido de mí si no le hubiera conocido.
Fue una suerte que él me quisiera y me tuviera tanto cariño.
Él fue quien me consiguió los carnets falsos con los que me iba de viajes y a fiestas.
También me consiguió mucha información... No era información cualquiera. Esa información era conseguir ir siempre un paso por delante de los que me andarían buscando.
Consiguió muchos informes policiales para saber a quién no le tenía que vender, fotos de los policías, matrículas de coches de la policía secreta, horarios y zonas de vigilancia, los códigos para que no me pincharan los móviles, etc.
Incluso un día borró unos videos de seguridad del centro comercial.
Nunca sospecharían de mí ni de Lucía.
Por cosas como esta Lucía ahora es policía. Ahora se sabe todo para los que son cómo éramos nosotras.
Aprendí muchas cosas de Benji.
Benji creyó que yo era más mayor. Eso a él le parecía un problema.
Él estaba convencido de que él solo me traería problemas por las cosas que él hacía.
Nunca me contó muchas cosas de él porque yo era su "niña preciosa", a la que no quería meter en líos.
Cuanto menos supiera de su trabajo con los ordenadores, mejor.
En todos estos años que nos conocemos no le he visto siempre que he querido.
Él desaparecía algunos meses para trabajar en el extranjero.
Un día en las Vegas, otro en París, otros en Washington, Tokio…
Aún le siguen contratando para hacer trabajos “sucios“.
Estuvo a punto de entrar varias veces en la cárcel. Por suerte tiene un abogado que sería capaz de protegerlo hasta del diablo.
Siempre me llama niña preciosa.
Siempre me consigue hacer reír.
No me arrepiento de aquella noche.
Alberto desde el primer momento que me conoció sabía lo que había pasado entre Benji y yo.
En el taxi él me pasaba el brazo por encima del hombro. Me acariciaba el pelo y me susurraba cosas bonitas en francés… Se me caía la baba con él.
Y pensar que había empezado a pensar primero en Guti…
Por suerte hice caso al dicho: Donde tengas la olla, no metas la polla.
De camino al taxi yo había robado una botella entre todo aquel barullo de gente.
Cuando llegamos al hotel, que era pequeñito y acogedor, nos pusimos a beber.
Él puso música y comenzamos a bailar.
Yo me quitaba la ropa al ritmo de la música y lo tumbaba en la cama…
Me parecía tan dulce… Y lo era.
No recuerdo con detalles que pasó, solo se que fueron unas cinco horas excepcionales.
Recuerdo cómo al día siguiente me despertó el móvil.
Lucía lloraba al otro lado del teléfono.
A ella se le había roto el condón esa noche y tuvieron que buscar a una chica mayor de edad para que le consiguiera la pastilla del día después.
Ella estaba cansadísima y no había dormido nada...
Mi pobre...
Hay muchas cosas que tus padres no te enseñan porque son cosas tabú, y en ocasiones así nadie te ha dicho muy bien qué hacer.
Él día que se rompe el condón te vuelves loca de los nervios.
A veces hay que aprender a la fuerza...
Si pedía la pastilla ella en el hospital, llamarían a su casa y nos pillarían.
Por suerte la prima de el chico con el que estaba cedió a ir al hospital.
Se lo conté a Benji y fue cuando se enteró que no éramos mayores de edad.
Éramos dos niñas de dieciséis años jugando a ser mayores.
Por suerte él me ayudó.
De cierto modo él me lo debía.
Cuando Lucía ya descansó y todo se quedó en un susto, quedé con Guti.
Lucía y Benji me acompañaban.
Nos tomamos algo en "la Traviata" mientras él me contaba instrucciones y nos conocíamos mejor.
Guti era un show.
Este pijo siempre estaba en la parra. Su móvil no paraba de sonar.
Al cabo del tiempo mi móvil fue igual o peor...
Me debía de pasar por su casa cada vez que quisiera más marihuana o hachís. Dependiendo de los clientes se les pasaría más cantidad o menos.
Solo venderíamos a partir de cincuenta.
Habría semanas que tendría algunas variedades y otras no... Pero siempre tenía las variedades que más THC tenía.
Teníamos que subir los precios dependiendo de la demanda y la oferta.
Los tantos por ciento que yo me llevaría, que incluía la parte de Lucía, quedaron claros desde un principio.
Era todo un negocio y no se me daba nada mal.
No era un sueldo fijo todas las semanas, pero era muchísimo dinero.
Me compró muchísima gente, de muchísimas edades, de muchísimos sitios, de diferentes estatus sociales… ¡Era una locura!
Iba por la calle y todo el mundo me conocía.
Recuerdo un día como iba con mi madre y me preguntó que por qué conocía a tanta gente. Yo le decía que yo era el alma de la fiesta… Y tanto.
Hice con eso muchísimos amigos.
Todos me conocían por el nombre de "preciosa".
Eso fue culpa de Benji.
Pocos sabían mi verdadero nombre. Tampoco sabían el de Lucía. A ella la conocían por "la serrana".
Todos se preguntarían si mis padres pasaban de mí, pero nada de eso.
Yo mantenía todo en orden y hacía todo lo posible para no levantar sospecha. No se enteró ni mi hermana.
Yo aunque fumara casi todos los días (porque todos me invitaban), iba a la biblioteca y me preocupaba por sacar notables.
¿Qué hacía con ese dinero en mi tiempo libre? Conciertos, fiestas, viajes, ropa, tablas de skate...
En Cáceres no puedes hacer nada con dieciséis años, pero teniendo dinero y un carnet falso en sitios que nadie te conoce… Lucía y yo no nos íbamos a quedar aquí viendo la vida pasar.
Me la traía al pairo lo que hicieran las de mi edad.
Gracias a experiencias como estas aprendí a diferenciar los que me querían por puro interés y a los que me decían que me querían de verdad.
No todo era maravilloso y había gente que nos quería joder.
Por cuestiones de pifias y de seguridad contratamos un día en el mercao Franco a los gitanos: “er Quique y er Manué“.
(Este es el mercado Franco de los miércoles)Sabíamos que ellos impondrían mucho más que dos cachas de gimnasio.
Continuará...
lunes, 4 de octubre de 2010
65. ¡Pillemos un taxi y vamos a un hotel!
Ni si quiera Benji se llama así en verdad, pero su nombre es tan raro y largo que lo acabamos “bautizando” así.
Él método de conocer a Benji fue tan sencillo como pedirle fuego.
Fue ahí cuando en que me di cuenta que él no me entendía ni papa en español, pero él quería hablar conmigo desesperadamente y que lo sacara de allí.
Él acababa de llegar de Francia.
No entendía casi nada por culpa de nuestro acento.
Por motivos familiares que no quiso contarme, él tuvo que venir a España, y ni más ni menos que a Cáceres. No quise saberlos. Si no lo contaba era por algo…
Nunca le he oído hablar ni de su padre ni de su madre.
La familia es la que te toca, y los amigos los que eliges tú. Él me eligió a mí y estoy muy orgullosa de ello.
Si no fuera por él nunca habría conocido a Alberto.
Suerte que le pedí a él fuego y no a otro.
Fue en contra de su voluntad el venirse aquí a Extremadura. Estaba acostumbrado a un estilo de vida muy diferente al de aquí. No había ni punto de comparación. No había ni por dónde empezar.
Con el tiempo no se arrepintió de venir, pero Benji ya no vive en España. El amor aparece en cualquier parte y es por eso que él ahora vive con su chica en Berlín.
Estaba esa noche que le conocí en esa fiesta con su primo que era de mi edad.
Me fijé entonces en los amigos que acompañaban a su botellón.
Mientras él parecía un chico sencillo, formal y maduro, los demás de su grupo eran adolescentes.
Canis, con gorras puestas como peinetas, chándal y cosas de oro.
Todos miraban a uno de sus amigos cómo se liaba con una chica con minifalda y pelo largo.
La chica llevaba una borrachera encima que parecía que se iba a caer en cualquier momento o ponerse a vomitar.
Todos reían como imbéciles la hazaña de su amigo.
Mientras se liaba con la chica, él le metía la mano por debajo de la minifalda descaradamente delante de todos.
La otra creo que ni se enteraba que estaba en mitad de toda la gente. Daba lametazos a diestro y siniestro. Perdía el equilibrio.
Alguno comenzó a hacer fotos con el móvil.
Era una situación tan patética… Vergüenza ajena… Que show..
¿Alguno de ellos había caído en que ella no estaba bien?
Menuda panda de críos… Solo ven lo que quieren ver. Solo piensan en: follar, follar y más follar.
La chica importa una mierda, solo importa lo que hay bajo sus bragas.
Volví a mirar a Benji.
Me suplicaba que lo sacara de allí con los ojos.
Yo miraba a esos chicos… ¡Menuda panda de pringaos asquerosos!
Comencé a hablar con él en inglés. Era la única manera de entendernos.
Le dije que le dejaría venir conmigo y le presentaría a gente mucho más interesante que aquella panda de simios si me compraba la bolsa de marihuana.
O me compraba eso o allí se quedaba.
Al principio abrió los ojos como platos pensando que yo estaría loca o que yo no sería buena compañía, pero al volver a mirar a los amigos de su primo comenzó enseguida a buscar la cartera para darme los treinta euros.
Guti estaba viendo todo desde lejos.
En cuanto me dio el dinero yo le di la bolsa.
Le cogí de la mano y me lo llevé conmigo hacia Guti.
Ni si quiera sabía su nombre, pero me lo llevé con toda la propiedad del mundo entre aquel gentío.
Los canis se dieron cuenta. Y todos empezaron a gritar que el francés era un cabrón por ligar sin hacer nada…
En fin, argumentos “inteligentes” de chicos “inteligentes”.
Los fulminé con la mirada dándome la vuelta y se callaron.
Si alguno en ese momento volvía a abrir la boca no me haría responsable de lo que podría hacer…
Guti me miraba de lejos sorprendidísimo.
Había tardado nada en encasquetarle la bolsa a otro.
Incluso llevarme al chico de donde estaba.
Guti también pensaba que me quería liar con el francés… y en realidad así fue.
Le iba a dar el dinero a Guti el dinero que había conseguido, pero él no me lo quería coger y se reía.
Al reírse él yo también me reía y viceversa… Menuda liamos hasta que conseguimos hablar. Menuda tontería tenía yo encima…
Lo que hizo al final fue darme su número de teléfono para quedar al día siguiente en un bar de la calle pizarro y hablar de nuestro “futuro negocio“.
Apareció una chica pija que conocía a Guti, le dio un gran abrazo. Ella iba muy contentilla y él se marchó con ella. Aún recuerdo como me guiñó el ojo.
¿Y qué hacía yo ahora con el francés toda la noche? No le conocía de nada.
Creía que él era un cortado hasta que me pidió un chivato del paquete de tabaco. No tenía y le conseguí uno. Separó la hierba que me había comprado en dos partes iguales. Me encontré con Lucía y con el chico que ella se estaba liando.
Benja me dijo que le esperara allí. No tenía ni idea que iba a hacer.
Lucía le dio el visto bueno al francés y comencé a contarle lo que me había pasado.
Ella no paraba de repetirme que no se me podía dejar sola ni un rato.
Le enseñé el dinero que había conseguido. Lucía tenía la boca abierta.
Con dieciséis años: fugarse de casa, ir a una fiesta, beber y fumar, ligar y conseguir dinero fácil… Parecía todo un mundo de posibilidades.
Benja apareció al rato. Lucía aún tenía la boca abierta.
Venía con una gran sonrisa.
Le presenté a Lucía y al poco tiempo ella y su chico desaparecieron. Quedamos en llamarnos si pasaba cualquier cosa. No la volví a ver esa noche.
Le pregunté que había hecho y él me dijo que revendió lo que me había comprado a mí consiguiendo cincuenta euros.
Se acercó a mi oído y empezó a susurrarme cosas.
¿Y qué me dijo que podíamos hacer con ese dinero? Irnos a un hotel.
¿Y qué hicimos? Pues coger un taxi e irnos.
¿Hasta cuando duró esa historia? Pues hasta que…
Continuará...
Mi hulk... siempre me tendrás ahí.
Él método de conocer a Benji fue tan sencillo como pedirle fuego.
Fue ahí cuando en que me di cuenta que él no me entendía ni papa en español, pero él quería hablar conmigo desesperadamente y que lo sacara de allí.
Él acababa de llegar de Francia.
No entendía casi nada por culpa de nuestro acento.
Por motivos familiares que no quiso contarme, él tuvo que venir a España, y ni más ni menos que a Cáceres. No quise saberlos. Si no lo contaba era por algo…
Nunca le he oído hablar ni de su padre ni de su madre.
La familia es la que te toca, y los amigos los que eliges tú. Él me eligió a mí y estoy muy orgullosa de ello.
Si no fuera por él nunca habría conocido a Alberto.
Suerte que le pedí a él fuego y no a otro.
Fue en contra de su voluntad el venirse aquí a Extremadura. Estaba acostumbrado a un estilo de vida muy diferente al de aquí. No había ni punto de comparación. No había ni por dónde empezar.
Con el tiempo no se arrepintió de venir, pero Benji ya no vive en España. El amor aparece en cualquier parte y es por eso que él ahora vive con su chica en Berlín.
Estaba esa noche que le conocí en esa fiesta con su primo que era de mi edad.
Me fijé entonces en los amigos que acompañaban a su botellón.
Mientras él parecía un chico sencillo, formal y maduro, los demás de su grupo eran adolescentes.
Canis, con gorras puestas como peinetas, chándal y cosas de oro.
Todos miraban a uno de sus amigos cómo se liaba con una chica con minifalda y pelo largo.
La chica llevaba una borrachera encima que parecía que se iba a caer en cualquier momento o ponerse a vomitar.
Todos reían como imbéciles la hazaña de su amigo.
Mientras se liaba con la chica, él le metía la mano por debajo de la minifalda descaradamente delante de todos.
La otra creo que ni se enteraba que estaba en mitad de toda la gente. Daba lametazos a diestro y siniestro. Perdía el equilibrio.
Alguno comenzó a hacer fotos con el móvil.
Era una situación tan patética… Vergüenza ajena… Que show..
¿Alguno de ellos había caído en que ella no estaba bien?
Menuda panda de críos… Solo ven lo que quieren ver. Solo piensan en: follar, follar y más follar.
La chica importa una mierda, solo importa lo que hay bajo sus bragas.
Volví a mirar a Benji.
Me suplicaba que lo sacara de allí con los ojos.
Yo miraba a esos chicos… ¡Menuda panda de pringaos asquerosos!
Comencé a hablar con él en inglés. Era la única manera de entendernos.
Le dije que le dejaría venir conmigo y le presentaría a gente mucho más interesante que aquella panda de simios si me compraba la bolsa de marihuana.
O me compraba eso o allí se quedaba.
Al principio abrió los ojos como platos pensando que yo estaría loca o que yo no sería buena compañía, pero al volver a mirar a los amigos de su primo comenzó enseguida a buscar la cartera para darme los treinta euros.
Guti estaba viendo todo desde lejos.
En cuanto me dio el dinero yo le di la bolsa.
Le cogí de la mano y me lo llevé conmigo hacia Guti.
Ni si quiera sabía su nombre, pero me lo llevé con toda la propiedad del mundo entre aquel gentío.
Los canis se dieron cuenta. Y todos empezaron a gritar que el francés era un cabrón por ligar sin hacer nada…
En fin, argumentos “inteligentes” de chicos “inteligentes”.
Los fulminé con la mirada dándome la vuelta y se callaron.
Si alguno en ese momento volvía a abrir la boca no me haría responsable de lo que podría hacer…
Guti me miraba de lejos sorprendidísimo.
Había tardado nada en encasquetarle la bolsa a otro.
Incluso llevarme al chico de donde estaba.
Guti también pensaba que me quería liar con el francés… y en realidad así fue.
Le iba a dar el dinero a Guti el dinero que había conseguido, pero él no me lo quería coger y se reía.
Al reírse él yo también me reía y viceversa… Menuda liamos hasta que conseguimos hablar. Menuda tontería tenía yo encima…
Lo que hizo al final fue darme su número de teléfono para quedar al día siguiente en un bar de la calle pizarro y hablar de nuestro “futuro negocio“.
Apareció una chica pija que conocía a Guti, le dio un gran abrazo. Ella iba muy contentilla y él se marchó con ella. Aún recuerdo como me guiñó el ojo.
¿Y qué hacía yo ahora con el francés toda la noche? No le conocía de nada.
Creía que él era un cortado hasta que me pidió un chivato del paquete de tabaco. No tenía y le conseguí uno. Separó la hierba que me había comprado en dos partes iguales. Me encontré con Lucía y con el chico que ella se estaba liando.
Benja me dijo que le esperara allí. No tenía ni idea que iba a hacer.
Lucía le dio el visto bueno al francés y comencé a contarle lo que me había pasado.
Ella no paraba de repetirme que no se me podía dejar sola ni un rato.
Le enseñé el dinero que había conseguido. Lucía tenía la boca abierta.
Con dieciséis años: fugarse de casa, ir a una fiesta, beber y fumar, ligar y conseguir dinero fácil… Parecía todo un mundo de posibilidades.
Benja apareció al rato. Lucía aún tenía la boca abierta.
Venía con una gran sonrisa.
Le presenté a Lucía y al poco tiempo ella y su chico desaparecieron. Quedamos en llamarnos si pasaba cualquier cosa. No la volví a ver esa noche.
Le pregunté que había hecho y él me dijo que revendió lo que me había comprado a mí consiguiendo cincuenta euros.
Se acercó a mi oído y empezó a susurrarme cosas.
¿Y qué me dijo que podíamos hacer con ese dinero? Irnos a un hotel.
¿Y qué hicimos? Pues coger un taxi e irnos.
¿Hasta cuando duró esa historia? Pues hasta que…
Continuará...
Mi hulk... siempre me tendrás ahí.
martes, 28 de septiembre de 2010
64. Parte I: El pijo del Mercedes y el hacker.
Las demás niñas con dieciséis años buscaban recortar sus minifaldas del uniforme, pintarse a escondidas, comprar tacones… y en fin, tratar de ser unas niñas populares.
Lucía y yo buscábamos pasar totalmente desapercibidas ante las demás personas del colegio.
Sabíamos que la verdad estaba en la calle y no entre aquellas cuatro paredes.
Allí dentro solo había niños de papá que no querían estudiar pero si comprar muchas tonterías.
Aún así los rumores siempre son rumores, y era imposible no llamar la atención con nuestro nivel de vida, que no correspondía a unas chicas de nuestra edad.
Mientras consiguiéramos que en casa todo pareciera normal y que las notas no bajaran, no tendríamos problema para continuar en nuestra vida de chicas camello.
Todo estaba estudiado. Fue un golpe de suerte.
Sabíamos que el dinero era dinero, procediera dónde procediera…
No tener límites ni barreras era nuestra ventaja y a la vez nuestro total descontrol.
Nunca olvidaré lo que llegué a sentir en mi interior cada vez que veía un coche de policía.
Miedo, emoción, adrenalina…
Aprendí a montar en el skate para moverme por las calles más rápido y huir más fácilmente de ellos.
Todo comenzó una noche en que Lucía y yo habíamos hecho creer a nuestros padres que dormiría la una en casa de la otra.
Fue algo muy arriesgado, nuestras madres se llevaban muy bien, pero era un riesgo que las dos estaríamos dispuestas a asumir.
Aún vivía la madre de Lucía…
Vaya…
Era una noche de verano de agosto.
Habían llegado las fiestas del pueblo Malpartida de Cáceres. Una fiesta a la que nadie suele faltar.
El plan era: un botellón, saludar gente, fotos, conocer chicos y bailar en la discoteca móvil…
Era mi época en auge. Siempre la denominé la época del descontrol o de puterío.
No había conocido el amor y no lo buscaba. No tenía compromisos con nadie y tampoco los quería.
Los chicos eran cómo clinex. Los usaba dos días y me cansaba de ellos.
Era divertido cuando no sentías el daño que podías causar.
Me aplicaba eso de que no había ni bien ni mal, solo existían las consecuencias de mis actos.
Mientras a mí no me hiciera daño ni a Lucía todo estaría bien.
Lucía era solo un poquito más precavida que yo, pero no lo suficiente. Las dos éramos unas locas perdidas.
Pasó la noche y conocimos a muchísima gente. Lucía se fue a liarse con uno mientras yo hablaba con unos chicos de Mérida muy simpáticos.
No parecían canis y todos me hacían sentir el centro de atención.
Y entre ellos apareció Guti.
Un chico alto, moreno, fuerte, con un polo, naúticos, con patillas…
El niño pijo de mis sueños.
Ahora cada vez que lo pienso me río… Parecía vistiendo uno del PP.
En un futuro siempre me reí con él de eso, porque el tiempo nos cambió… Solo había que ver a día de hoy su pelo lleno de rastas y sus tatuajes por todos lados.
Él tendría alrededor de dieciocho años y tenía coche nuevo. Ni más ni menos que un Mercedes nuevecito.
Ese chico tenía que ser mío esa noche. Me inspiró confianza.
Él no estaba bebiendo y por eso me llamó aún más la atención.
En cuanto le vi fui a pedirle un cigarro. Sabía que tenía que hablar con él. Mi intuición me llevó a él.
Él sería la persona a la que llevaba buscando toda la noche sin saber el por qué.
Decía que no tenía tabaco, luego me miró de arribabajo. En cuanto le sonreí se lo pensó.
Me dio lo que él estaba fumando.
Nadie nos estaba prestando atención en ese momento.
Creía que era un cigarro de liar hasta que le di la primera calada y casi me dejo el pecho tosiendo.
Bebí de la copa y volví a darle otra calada.
Entonces Guti me sonrió con aquella gran sonrisa de dientes perfectos. Parecía muy buen chico.
Me dijo que si quería dar una vuelta con él y acepté.
No parábamos de tontear y reírnos, pero no nos liamos.
Él empezó a hablarme de negocios.
Así hasta que hicimos una apuesta. Si vendía una bolsa que me dio de treinta euros de María esa noche me prometió que si yo quisiera yo ganaría en adelante muchísimo dinero.
Se me abrieron los ojos como platos.
¿Sería tan difícil vender una bolsita de marihuana?
No podía ser tan difícil.
Entonces busqué un prototipo de chico.
Uno con dinero, veinteañero, sin novia, fumador y a ser posible de aspecto más dejado.
No tardé mucho en encontrar uno así. Menos en una fiesta como aquella.
Tenía el pelo por los hombros y perilla.
Un buen personaje…
Ese fue otro de los mejores momentos de la noche, conocer a mi ya grandísimo amigo para toda la vida: Benji.
Muy conocido por ser uno de los mayores hackers del mundo.
Conocer a Guti y a Benji la misma noche fue todo un golpe de suerte.
Continuará...
Lucía y yo buscábamos pasar totalmente desapercibidas ante las demás personas del colegio.
Sabíamos que la verdad estaba en la calle y no entre aquellas cuatro paredes.
Allí dentro solo había niños de papá que no querían estudiar pero si comprar muchas tonterías.
Aún así los rumores siempre son rumores, y era imposible no llamar la atención con nuestro nivel de vida, que no correspondía a unas chicas de nuestra edad.
Mientras consiguiéramos que en casa todo pareciera normal y que las notas no bajaran, no tendríamos problema para continuar en nuestra vida de chicas camello.
Todo estaba estudiado. Fue un golpe de suerte.
Sabíamos que el dinero era dinero, procediera dónde procediera…
No tener límites ni barreras era nuestra ventaja y a la vez nuestro total descontrol.
Nunca olvidaré lo que llegué a sentir en mi interior cada vez que veía un coche de policía.
Miedo, emoción, adrenalina…
Aprendí a montar en el skate para moverme por las calles más rápido y huir más fácilmente de ellos.
Todo comenzó una noche en que Lucía y yo habíamos hecho creer a nuestros padres que dormiría la una en casa de la otra.
Fue algo muy arriesgado, nuestras madres se llevaban muy bien, pero era un riesgo que las dos estaríamos dispuestas a asumir.
Aún vivía la madre de Lucía…
Vaya…
Era una noche de verano de agosto.
Habían llegado las fiestas del pueblo Malpartida de Cáceres. Una fiesta a la que nadie suele faltar.
El plan era: un botellón, saludar gente, fotos, conocer chicos y bailar en la discoteca móvil…
Era mi época en auge. Siempre la denominé la época del descontrol o de puterío.
No había conocido el amor y no lo buscaba. No tenía compromisos con nadie y tampoco los quería.
Los chicos eran cómo clinex. Los usaba dos días y me cansaba de ellos.
Era divertido cuando no sentías el daño que podías causar.
Me aplicaba eso de que no había ni bien ni mal, solo existían las consecuencias de mis actos.
Mientras a mí no me hiciera daño ni a Lucía todo estaría bien.
Lucía era solo un poquito más precavida que yo, pero no lo suficiente. Las dos éramos unas locas perdidas.
Pasó la noche y conocimos a muchísima gente. Lucía se fue a liarse con uno mientras yo hablaba con unos chicos de Mérida muy simpáticos.
No parecían canis y todos me hacían sentir el centro de atención.
Y entre ellos apareció Guti.
Un chico alto, moreno, fuerte, con un polo, naúticos, con patillas…
El niño pijo de mis sueños.
Ahora cada vez que lo pienso me río… Parecía vistiendo uno del PP.
En un futuro siempre me reí con él de eso, porque el tiempo nos cambió… Solo había que ver a día de hoy su pelo lleno de rastas y sus tatuajes por todos lados.
Él tendría alrededor de dieciocho años y tenía coche nuevo. Ni más ni menos que un Mercedes nuevecito.
Ese chico tenía que ser mío esa noche. Me inspiró confianza.
Él no estaba bebiendo y por eso me llamó aún más la atención.
En cuanto le vi fui a pedirle un cigarro. Sabía que tenía que hablar con él. Mi intuición me llevó a él.
Él sería la persona a la que llevaba buscando toda la noche sin saber el por qué.
Decía que no tenía tabaco, luego me miró de arribabajo. En cuanto le sonreí se lo pensó.
Me dio lo que él estaba fumando.
Nadie nos estaba prestando atención en ese momento.
Creía que era un cigarro de liar hasta que le di la primera calada y casi me dejo el pecho tosiendo.
Bebí de la copa y volví a darle otra calada.
Entonces Guti me sonrió con aquella gran sonrisa de dientes perfectos. Parecía muy buen chico.
Me dijo que si quería dar una vuelta con él y acepté.
No parábamos de tontear y reírnos, pero no nos liamos.
Él empezó a hablarme de negocios.
Así hasta que hicimos una apuesta. Si vendía una bolsa que me dio de treinta euros de María esa noche me prometió que si yo quisiera yo ganaría en adelante muchísimo dinero.
Se me abrieron los ojos como platos.
¿Sería tan difícil vender una bolsita de marihuana?
No podía ser tan difícil.
Entonces busqué un prototipo de chico.
Uno con dinero, veinteañero, sin novia, fumador y a ser posible de aspecto más dejado.
No tardé mucho en encontrar uno así. Menos en una fiesta como aquella.
Tenía el pelo por los hombros y perilla.
Un buen personaje…
Ese fue otro de los mejores momentos de la noche, conocer a mi ya grandísimo amigo para toda la vida: Benji.
Muy conocido por ser uno de los mayores hackers del mundo.
Conocer a Guti y a Benji la misma noche fue todo un golpe de suerte.
Continuará...
sábado, 25 de septiembre de 2010
63. Reinventando historias de amor por la marihuana.
Vaya…
Se me quitaron las ganas de llorar.
¿Acaba de decir que yo sería lo mejor que le pasaría en meses?
Aquí debe haber pasado algo que yo no sé…
¿Qué le haría pensar que yo sería lo mejor que le podría pasar?
Aún no le di ni un motivo para pensar eso.
Quizás debería saber el motivo o quizás no. Ya aprendí en varias ocasiones que la curiosidad mató al gato. Esta vez prefería no saberlo.
No podía echarlo de casa. ¿Con que derecho iba a echar yo al hijo de Clara de su casa?
Estaba bastante enfadada. Hasta le había dicho eso por lo que me había estado comiendo la cabeza… ¿Sería yo un juguete más para su hijo?
¿Puede merecer alguien algo tan bueno sin esperar nada a cambio?
Creo que si alguien hubiera estado en mi situación se preguntaría lo mismo.
Luego me fijé en él más detenidamente.
¿Quién le puede decir que no con esa carita que me está poniendo?
¿Acaso yo era de piedra?
No.
En esos momentos creo que hasta se me olvidó lo que en realidad estaba pasando.
Se le veía tan guapo…
Pero agité la cabeza y volví a mi ser.
-Te perdono, pero que conste que habrá venganza y quien avisa no es traidor. Haremos como que no ha pasado nada, pero me pienso vengar.
-¿Si? Pues tienes todo el derecho. -dijo con una gran sonrisa.
Sentía como se había quitado un peso de encima.
Volvía a sonreír.
Entonces se acercó a mí y me dio un abrazo.
No me lo había esperado.
Me quedé quieta como un palo.
No me lo puedo creer pero como no me lo quite ya mismo de encima a mi se me va la cabeza y me tiro a su cuello y…
Le cogí los brazos y los aparté rápidamente.
Se dio cuenta que me sentía incómoda.
-Perdona… No sabía que… No quería que…-dijo él un poco avergonzado.
-No… No te preocupes es por…-dije sin terminar la frase.
Miré a otro sitio.
Me quedé en blanco…
¿Qué coño pienso decirle?
Me siento como una tonta. ¿De dónde está saliendo tanta tontería?
Le volví a mirar. ´
Me miró con un interrogante de si pensaba acabar la frase.
-¿Es porque nos conocemos poco?-dijo él.
-Si, por eso…-dije yo intentando acabar cuanto antes el tema.
Él me respondió una sonrisa. No resultó del todo creíble.
-Bueno pues aparte de lo que acaba de pasar, que mejor lo vamos a olvidar, yo tenía preparada otra cosa…
Entonces me cogió la mano pidiéndomela primero con un gesto muy educado.
Cogió un mando y bajó la intensidad de las luces.
Yo me dejaba llevar.
¿De qué iba todo aquello?
La televisión estaba en el techo justo encima de la cama.
Ofreció como asiento el lado derecho de su cama.
Aparte de mirarle a él también miraba su habitación. Era todo tan elegante y con tantas cosas de películas y de fiestas…
Si me dejaba sola tenía pensado mirarlo todo detenidamente.
David no me perdía de vista pero se fue a la habitación de al lado. Apareció entonces con una mesita con ruedas.
Encima de la mesa tenía un tarro lleno de palomitas de colores, y dos pedazos de batidos gigantes.
Tenían nata, sirope de chocolate, mogollón de golosinas por encima y de topings. También tenían unas pajitas super graciosas.
-¿Qué? ¿Te apetece? Los he pedido de fresa. Si quieres otro sabor dímelo. -Me dijo haciendo un gesto a todo lo que tenía en la mesa.
Joder…
Lo que no sé es si me quiero beber el batido o me lo quiero comer a él…
-Pues claro que me apetece. Me gusta la fresa, gracias.
Colocamos las cosas en bandejas y él puso los dibujos.
Él se tumbó a mi lado.
No se cómo, pero estaba en la posturita perfecta para estar tumbado y sentado a la vez.
La cama olía a él. Maldito olor adictivo…
Nunca nadie había conseguido sacarme de mis casillas y al nada de tiempo hacerme la persona más feliz.
Era una sensación tan contradictoria… Mi razón no podía explicárselo. Más bien no quería explicárselo.
Quizás ni yo misma quería darse cuenta de lo que estaba pasando. Sabía que rompería el momento.
Él puso ni más ni menos que “La casa de los dibujos”.

(Son muy bestias)
Los recordaba de haberlos visto más de una vez en mi casa con Lucía. Nos gustaban mucho.
Vi que la cámara de fotos estaba a mi lado.
La usé para echarle unas cuantas fotos a mi batido. Era digno de ser recordado.
Luego le eché una foto a él.
Me sonrió.
Me pidió la cámara y él comenzó a echarme fotos.
No me gusta que me fotografíen si me doy cuenta. No era capaz. Tampoco sabía posar. Por lo que empecé a poner caretos.
Él empezó a imitarme.
Nos pusimos al final los dos a echarnos fotos a ver quien de los dos sacaba peor cara.
Yo al mirar las fotos me parecía evidente que pusiera la cara que pusiera él me parecía encantador.
Volví a quedarme empanada mirando los dibujos y riéndome, cuando de repente me distrajo el sonido de un mechero y un olor familiar el cual no era tabaco...
-¿Porros?- Dije extrañada.
Ni me lo esperaba ni me lo dejaba de esperar. No sé.
-Si. ¿Pasa algo? ¿Nunca has fumado?-dijo él buscando un mechero que funcionara.
Me reí. Podía reírme bastante con esa pregunta y más mirando mi pasado.
Yo no siempre hice lo que debía hacer…
Ahora me parece una locura lo que yo hacía con 16 años.
¿Qué si pasaba algo?
Quizás nunca hubiera conocido a Alberto de no ser porque yo vendía marihuana.
Por eso Alberto y yo tuvimos que reinventar nuestra historia de amor.
De cómo nos conocimos y nuestra primera cita.
Había una versión de la historia para amigos (los únicos que sabían la verdad), y otra para los familiares y conocidos.
Empecé a recordar mi pasado de sexo, drogas, sk8 y rock N roll.
Y sobre todo mi primera “cita” con Alberto…
Continuará...
domingo, 19 de septiembre de 2010
Feliz NO-Cumpleaños¡¡

Hay días y días...
Pero como el de ayer ¡NINGUNO!
El mejor regalo no se pagó con dinero,
Fue genial reunir a 20 buenos amigos para celebrar el Feliz NO-Cumpleaños!!
MUCHÍSIMAS GRACIAS POR TODO!!!
Pero lo mejor está por venir :)
Que mis vacaciones NO HAN TERMINADO y calentamos motores para las NOVATADAS 2010!!
Hasta pronto ;)
sábado, 18 de septiembre de 2010
62. Ojos brillantes.
Cerró la puerta y le perdí la vista.
De repente apareció una luz que iluminó todo el techo.
Se convirtió en un cielo lleno de estrellas fugaces y constelaciones, igualito que un planetario.
Me quedé como una tonta con la boca abierta mirando el techo.
En la habitación solo se veían estrellas.
Era lo más bonito e impactante que había visto en muchísimo tiempo.
-Es precioso…
-¿Te gusta?
Oía su voz pero no le miré.
Imposible prestarle atención a otra cosa que no aquel espectáculo lleno de estrellas.
Había un foco que creaba aquel escenario de cuento.
Parecía tan real…
-Mucho. Me gusta mucho.
-Lo acabo de montar. Me lo regaló un amigo hace un año y aun no sabía ni donde montarlo. Creo que es uno de los mejores regalos que me han hecho nunca.-dijo David pareciendo igual de sorprendido que yo.
Noté como sus pasos se acercaban a mí.
Entonces bajé la mirada del techo por que noté una luz que no venía del techo.
Entonces miré sus ojos y pegué un chillido.
O_O
Oí su risa.
-¿SE PUEDE SABER QUE COJONES TE PASA EN LOS OJOS? David, ¡No me hace ni puta gracia que te brillan los ojos en la oscuridad!

Algo así era lo que veía Carmen.
Por puro instinto o reflejo fui a darle un puño. Paró el golpe cogiéndome el brazo. Y el muy capullo no paraba de reírse.
Yo totalmente desconcertada.
¿Qué está pasando?
Mente en blanco…
¿Qué hago?
¿Qué hago?
¿Qué hago?
¿Qué hago?
A punto de un ataque al corazón.
Paralizada del miedo.
El miedo no me dejaba moverme.
¿Qué coño …?
¿!Porqué le brillan los ojos¡?
Paró de reírse.
Encendió la luz.
O_O
-¡Carmen! Se que me vas a matar… No creía que ibas a ponerte así… Aunque no lo parezca me siento fatal… Losiento, enserio. Vi las lentillas que brillaban en la oscuridad en un cajón de un papel que hice… Lo tenía que hacer...-Dijo intentando contener la risa.
Se me cayó un mito al suelo.
Me quedé bloqueada...¿Todo había sido una broma?
Empezó a subirme un cabreo tremendo.
- ¡Eres un gilipollas y eres como idiota! ¡Esta te la devuelvo imbécil, eso si no me matas de un susto antes!-Le dije empujándole para salir de la habitación.
-¿A si? ¿Me la vas a devolver? -dijo él con aires de chulo.
¿Encima de chulo?
Me di la vuelta.
¿Cómo?
David pensaba que no estaba tan enfadada como parecía.
Se creía que estaba de broma.
De la impotencia me dieron ganas de llorar.
Por unos momentos pensaba que me moría del susto…
¿Enserio creía que se podía reír de mí cada vez que quisiera?
-¡Si, pero si no lo hago será porque no soy tan gilipollas, imbécil e idiota como tú! ¿Te he hecho algo para que me intentes joder? ¿Por qué cojones no me tomas enserio? ¿Se puede saber a que coño venía todo esto? -Yo cada vez gritaba más y a la vez me daban más ganas de llorar.-¿Qué te crees que soy, otra tía idiota más que te traen a casa para que te la folles y si quieres reírte de ella? ¿Qué es eso, lo que quieres, reírte de mí?...
Es como acabé, llorando.
David estaba en estado de shock.
Su cara expresaba mil veces horror por lo que acababa de hacer.
Verme llorar le estaba rompiendo.
Tragó saliva.
Se giró y se miró en un espejo.
Pareció comprenderlo.
Con aquellas lentillas parecía un lagarto o un zombie… Nada bueno.
Me miraba sin saber que decir, pero mis palabras no le habían dejado indiferente.
Ví cómo aquella persona poco a poco empezó a sentirse mal.
Intentaba decirme algo y no le salían las palabras.
Sabía que la había cagado pero bien. Dio un paso hacia mí. Era incapaz de decir palabra.
Yo retrocedí otro paso.
Silencio.
- No, por favor. No soporto verte llorar… -Suplicaba.-Se que soy todas esas cosas que has dicho… Pero no, nunca he pensado eso de que eras una idiota a la que traer para follármela y reírme de ella. Nunca. ¡Jamás!. Pero si he pensado que eras adorable, dulce, simpática, lista y guapa… Perdóname… Se que la he cagado bastante, pero no pensé nunca que ibas a reaccionar así, creía que sabrías que era una broma, pero soy idiota… Tienes derecho a echarme de la casa si quieres… Pero no llores por favor… Si puedes perdóname… Dame otra oportunidad… O si quieres me voy ahora mismo… Dime algo.
Lo decía sinceramente.
Todo era una súplica.
Parecía ansioso por hacerme comprender que esa era la verdad, que todo había sido error suyo.
-No te lo mereces. -dije secándome las lágrimas.-A mí estas niñaterías no me gustan ni un pelo... ¿Podrías al menos quitarte esas putas lentillas?
Rápidamente él se fue al espejo a quitárselas.
-Carmen, perdóname… Creía que eras lo mejor que me podía pasar en meses y como siempre la he fastidiado… -dijo una vez se las quitó con un hilo de voz.
Apretaba los puños.
Di un paso al frente.
Él no se movía. Solo quería que le dijera que le perdonara.
Algo me decía que si me iba de esa habitación él se volvería loco y él no se perdonaría a si mismo.
Otra parte dentro de mí me decía que yo no quería que se fuera y quería pasar más tiempo con él y que quizás lo de las lentillas no era para tanto.
Di otro paso más.
Y otro más hasta quedarnos frente a frente.
No hacían falta palabras para saber que quería decirme con aquellos preciosos ojos verdes, más brillantes que nunca, me lo decía todo.
Era como ver un cartel de: PERDÓNAME.
De repente apareció una luz que iluminó todo el techo.
Se convirtió en un cielo lleno de estrellas fugaces y constelaciones, igualito que un planetario.
Me quedé como una tonta con la boca abierta mirando el techo.
En la habitación solo se veían estrellas.
Era lo más bonito e impactante que había visto en muchísimo tiempo.
-Es precioso…
-¿Te gusta?
Oía su voz pero no le miré.
Imposible prestarle atención a otra cosa que no aquel espectáculo lleno de estrellas.
Había un foco que creaba aquel escenario de cuento.
Parecía tan real…
-Mucho. Me gusta mucho.
-Lo acabo de montar. Me lo regaló un amigo hace un año y aun no sabía ni donde montarlo. Creo que es uno de los mejores regalos que me han hecho nunca.-dijo David pareciendo igual de sorprendido que yo.
Noté como sus pasos se acercaban a mí.
Entonces bajé la mirada del techo por que noté una luz que no venía del techo.
Entonces miré sus ojos y pegué un chillido.
O_O
Oí su risa.
-¿SE PUEDE SABER QUE COJONES TE PASA EN LOS OJOS? David, ¡No me hace ni puta gracia que te brillan los ojos en la oscuridad!

Algo así era lo que veía Carmen.
Por puro instinto o reflejo fui a darle un puño. Paró el golpe cogiéndome el brazo. Y el muy capullo no paraba de reírse.
Yo totalmente desconcertada.
¿Qué está pasando?
Mente en blanco…
¿Qué hago?
¿Qué hago?
¿Qué hago?
¿Qué hago?
A punto de un ataque al corazón.
Paralizada del miedo.
El miedo no me dejaba moverme.
¿Qué coño …?
¿!Porqué le brillan los ojos¡?
Paró de reírse.
Encendió la luz.
O_O
-¡Carmen! Se que me vas a matar… No creía que ibas a ponerte así… Aunque no lo parezca me siento fatal… Losiento, enserio. Vi las lentillas que brillaban en la oscuridad en un cajón de un papel que hice… Lo tenía que hacer...-Dijo intentando contener la risa.
Se me cayó un mito al suelo.
Me quedé bloqueada...¿Todo había sido una broma?
Empezó a subirme un cabreo tremendo.
- ¡Eres un gilipollas y eres como idiota! ¡Esta te la devuelvo imbécil, eso si no me matas de un susto antes!-Le dije empujándole para salir de la habitación.
-¿A si? ¿Me la vas a devolver? -dijo él con aires de chulo.
¿Encima de chulo?
Me di la vuelta.
¿Cómo?
David pensaba que no estaba tan enfadada como parecía.
Se creía que estaba de broma.
De la impotencia me dieron ganas de llorar.
Por unos momentos pensaba que me moría del susto…
¿Enserio creía que se podía reír de mí cada vez que quisiera?
-¡Si, pero si no lo hago será porque no soy tan gilipollas, imbécil e idiota como tú! ¿Te he hecho algo para que me intentes joder? ¿Por qué cojones no me tomas enserio? ¿Se puede saber a que coño venía todo esto? -Yo cada vez gritaba más y a la vez me daban más ganas de llorar.-¿Qué te crees que soy, otra tía idiota más que te traen a casa para que te la folles y si quieres reírte de ella? ¿Qué es eso, lo que quieres, reírte de mí?...
Es como acabé, llorando.
David estaba en estado de shock.
Su cara expresaba mil veces horror por lo que acababa de hacer.
Verme llorar le estaba rompiendo.
Tragó saliva.
Se giró y se miró en un espejo.
Pareció comprenderlo.
Con aquellas lentillas parecía un lagarto o un zombie… Nada bueno.
Me miraba sin saber que decir, pero mis palabras no le habían dejado indiferente.
Ví cómo aquella persona poco a poco empezó a sentirse mal.
Intentaba decirme algo y no le salían las palabras.
Sabía que la había cagado pero bien. Dio un paso hacia mí. Era incapaz de decir palabra.
Yo retrocedí otro paso.
Silencio.
- No, por favor. No soporto verte llorar… -Suplicaba.-Se que soy todas esas cosas que has dicho… Pero no, nunca he pensado eso de que eras una idiota a la que traer para follármela y reírme de ella. Nunca. ¡Jamás!. Pero si he pensado que eras adorable, dulce, simpática, lista y guapa… Perdóname… Se que la he cagado bastante, pero no pensé nunca que ibas a reaccionar así, creía que sabrías que era una broma, pero soy idiota… Tienes derecho a echarme de la casa si quieres… Pero no llores por favor… Si puedes perdóname… Dame otra oportunidad… O si quieres me voy ahora mismo… Dime algo.
Lo decía sinceramente.
Todo era una súplica.
Parecía ansioso por hacerme comprender que esa era la verdad, que todo había sido error suyo.
-No te lo mereces. -dije secándome las lágrimas.-A mí estas niñaterías no me gustan ni un pelo... ¿Podrías al menos quitarte esas putas lentillas?
Rápidamente él se fue al espejo a quitárselas.
-Carmen, perdóname… Creía que eras lo mejor que me podía pasar en meses y como siempre la he fastidiado… -dijo una vez se las quitó con un hilo de voz.
Apretaba los puños.
Di un paso al frente.
Él no se movía. Solo quería que le dijera que le perdonara.
Algo me decía que si me iba de esa habitación él se volvería loco y él no se perdonaría a si mismo.
Otra parte dentro de mí me decía que yo no quería que se fuera y quería pasar más tiempo con él y que quizás lo de las lentillas no era para tanto.
Di otro paso más.
Y otro más hasta quedarnos frente a frente.
No hacían falta palabras para saber que quería decirme con aquellos preciosos ojos verdes, más brillantes que nunca, me lo decía todo.
Era como ver un cartel de: PERDÓNAME.
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