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viernes, 21 de mayo de 2010

23. Sorpendida por mi destino.

Cuando terminó de coger sus cosas nos fuimos directas a tomarnos el café a Obispo Galarza.
Es un sitio desde donde se veía la parte antigua.
En el camino le pude contar un montón de cosas como las buenas noticias que había tenido hoy.
Ella parecía igual de ilusionada que yo.
Clara comenzó a decirme una lista muy extensa de todas las cosas que tendría que preparar mi hermana durante todo este tiempo para preparar la boda.
Solo con esa lista se me habían quitado las ganas de casarme.
Cuantas cosas. Que estrés.
Así no me extraña que cuando llega el día de la boda las novias han perdido mucho peso y tienen que volver a arreglar el vestido.
Me contó también que ella tuvo mucha suerte con contar con la ayuda de una de las mejores organizadoras de bodas.
Aparte de que era su amiga, Clara se lo podía permitir.
Me contó algunos detalles de su segunda boda.
La primera había sido en secreto y no había podido tener muchos preparativos ni celebraciones.
Sin embargo la segunda se realizó en una playa de una isla privada.
Todos iban vestidos de blanco.
Todo estaba decorado con conchas, perlas, corales… Como si fuera la boda de la sirenita.
Al fijarme en Clara me di cuenta que también se parecía a el dibujo animado de la sirenita.
Pelirroja, blanca de piel y con los ojos verdes.
No pude evitar reírme cuando me di cuenta de la comparación.
Cuando le dije porqué me reía ella me dijo que su exmarido siempre la llamaba sirena.
Ahora lo entendía.
Llegamos y encontramos sitio.
Al traernos el café y ver que estaba muy caliente, comencé a darle vueltas con la cucharilla produciendo un gracioso sonido.
Clara cambió su postura en la silla puso un tono mas serio para hablar.
Parecía otra.
-Veo que has tenido un día muy feliz y espero no estropeártelo. Espero que te guste mi plan o lo que tengo pensado para ti.
Comencé a ponerme nerviosa y a darle vueltas al café con mas velocidad.
¿Había llegado por fin el momento de que me dijera que va a ser de mí?
Se hizo un silencio.
Yo estaba petrificada de los nervios.
Ella siguió hablando con esa tranquilidad que la caracterizaba pero con un tono serio.
-Quizás me he precipitado y no se si es lo que tú estabas pensando, pero se que nadie mas lo iba a apreciar como tú el regalo que estoy a punto de hacerte.
En esos momentos estaba a punto de que me diera algo, solo podía pensar que quería que acabara ya y me dijera algo en claro YA.
-¿De que se trata?-Pregunté impaciente.
Ella tomó un sorbo de café con una media sonrisa en la cara.
A ella le hacía gracia mi repentina ansiedad.
Yo estaba que creía que me iba a caer de la silla como no hablara YA.
Mi corazón latía a mil por hora.
Los nervios estaban en mi estómago.
Mi pulso estaba descontrolado.
-Voy a ir por partes aunque no quiero sacarte de quicio... Como primera condición, vas a tener que dejar tu trabajo.
-Vale, ¿eso significa que me voy de aquí?.
Eso era lo único que procesaba mi cabeza… ¿me voy o no me voy?
-Sí, te vas a ir y lejos. Hay más condiciones. Esto quiero que lo tengas muy claro desde el primer momento: no vas a deberme nada. No quiero dinero ni nada material. Quiero que aceptes lo que te doy sin ningún tipo de queja ni devolución. Lo único que te pienso pedir a cambio es que me escribas todos los días y vas a aceptar mis consejos.
¿Qué no quiere nada a cambio?
QUE HABLE YA O ME DA UN PATATÚS AQUÍ.
Creo que tiene que ser algo gordo según me esta diciendo ella.
Aún yo no entiendo nada de nada.
Mi cara tenía que ser una mezcla de diez mil sensaciones.
-Tranquila. Ya te voy a dar la pista final. El billete de avión que te compré, ya no es para mí, si no para tí. La que se va eres tú, no yo.

Fue ahí cuando ya empecé a abrir los ojos como platos.
Creía que me iba a caer de la silla por lo que me agarre al asiento.
¿El billete de avión que me pidió ella, de primera clase, no es para otra persona mas que para mí?
¿QUÉ ME VOY A NUEVA YORK?
¿Qué no le debo nada?
Yo por más que la miraba no podía salir de mi estado de shock.
Ella me miraba con una sonrisa de oreja a oreja.
Sabía que yo estaba petrificada de la felicidad.
-Si, bueno, creo que empiezas a ver por donde van los tiros.-me dijo ella abandonando ya el tono serio.
-Pero… pero...
No podía decir otra palabra, me había quedado totalmente paralizada.
-Tu solo escúchame. Para tí empieza otro tipo de vida. Una vez que llegues allí no te vas a tener que preocupar de nada. Vas a vivir en la casa que me regaló mi marido que está al lado de Central Park. Allí viven también mis otros dos hijos de vez en cuando, pero no te preocupes. La casa es lo suficientemente grande como para que ,si no te caen bien ni si quiera os veáis. Ahora casi nunca están en esa casa, por lo que es lo menos te tiene que preocupar.
Yo solo me estaba viendo a mi totalmente como si fuera en una película y yo fuera la pretty woman.
¿Una casa al lado de Central Park?
Carmen contrólate…
Que alguien me pellizque, me empuje, me tire...
¿Estoy aún durmiendo la siesta?





Comienza la diversión.

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